dissabte, 8 de març de 2014

La gavina MARINA ROSSELL

La izquierda institucionalizada se enroca.




                                                                                                                                                      La izquierda  institucionalizada se enroca.              de Máximo Kinast
 
Conversando ayer con un viejo militante me hizo la siguiente pregunta ¿Como vamos a creer a los dirigentes de IU cuando hablan de que son partidarios de un proceso constituyente si ni siquiera son capaces de practicar una democracia participativa en su interior? 
 
Pareciera que se ha abierto la caja de los truenos con la publicación de los nombres que integran la lista de candidatos de IU a las elecciones europeas.  El método utilizado ya está ocasionando decepción entre su esforzados militantes y sus posibles votantes.
 
Por mucho que maquillen el proceso de “elección” de los candidatos, este fue producto de una intensa guerrilla de intereses entre las familias que dirigen la federación de la izquierda institucionalizada.
 
Para justificar el mecanismo utilizado, su departamento de relaciones publicas se ha apresurado a llenarlo de palabras biensonantes tales como, “pluralismo” o “representantes de los movimientos sociales”.
 
La verdad es muy distinta. Encabeza la lista un integrante del equipo de IU que gobierna en Andalucía con el PSOE ; un gobierno autonómico que, a pesar de algunos arranques demagógicos, aplica sin remordimientos las políticas neoliberales dictadas por el estado.
 
La segunda de la lista es parte integrante de la cúpula de CC.OO. Que nadie se equivoque con las siglas. “Comisiones” ya no es la ni la sombra de la gran organización de Marcelino Camacho.  Hoy es una superestructura incapaz de plantar cara al gobierno de Rajoy, con importantes grados de corrupción y desacreditada entre los trabajadores.
 
El resto de los candidatos son parte del cuoteo y trapicheo habitual en las formaciones políticas del sistema.
 
En esta vuelta, IU ha optado una vez más por sus funcionarios políticos, vamos, por la burocracia partidaria. ¿Tenéis alguna duda? Dadle una mirada a los perfiles de los dirigentes en redes sociales como Facebook o Twitter.
 
La gran mayoría de sus dirigentes no conocen más trabajo que el de funcionarios de CC.OO o de Izquierda Unida. Son muy pocos los que se salvan y menos aún los que estén en el tajo.
 
Aunque duela esta es la realidad. La opción de la federación de izquierda ha sido por aquellos políticos profesionales que han terminado siendo parte necesaria del régimen del 78. En efecto, IU entra perfectamente en las definiciones que hacen los sociólogos del régimen partidocrático español.
 
Según estudios de la Universidad Autónoma de Madrid en los partidos políticos se pueden distinguir tres niveles: abajo; la militancia que es fiel a los principios, en el medio; los cuadros intermedios que sirven como  moderadores y finalmente en la cúpula; los oportunistas acostumbrados a utilizar la ideología como un recurso discursivo.
 
En realidad produce una pena negra la deriva que lleva una herramienta política que fue tan valiosa en el tiempo de Julio Anguita.
 
Ahora todo parecer indicar que los tiros de la cúpula de IU van por el lado de la socialdemocracia. Con el ejemplo de Andalucía y unas encuestas que le dan un sostenido crecimiento ha llegado tempranamente la hora de los cuchillos por los puestos.
 
La burocracia partidaria se apronta a gobernar con el PSOE en la próxima legislatura. La ruptura y el proceso constituyente una vez más no está a la orden del día. Será un tema de estudio más que un quehacer político concreto. Claramente la revolución democrática no es prioridad para la dirección de Izquierda Unida.
 
Sino como se explica el discurso de Cayo Lara en al congreso de los comunistas españoles cuando pregunto ¿ Estáis dispuestos a gobernar?
 
 
 
 
 
 

LA UNIÓN EUROPEA: UNA NUEVA COLONIZACIÓN


LA UNIÓN EUROPEA: UNA NUEVA COLONIZACIÓN


Héctor Illueca
Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social

Adoración Guamán
Doctora en Derecho y Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social


[I]

La crisis económica que afecta a nuestro país y las políticas de austeridad impuestas por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) están provocando una fractura social cada vez más evidente. La ciudadanía observa atónita la degradación de la vida cotidiana y la tolerancia del poder con los abusos cometidos por los más privilegiados del país. Como no podía ser de otra forma, el creciente deterioro de las condiciones materiales de una cada vez más amplia mayoría social llega acompañado de gravísimos escándalos de corrupción que salpican al conjunto de las élites políticas y económicas, alumbrando una sociedad cada vez más instalada en la injusticia y la desigualdad.

En este contexto, el sueño de la integración europea ha devenido una pesadilla que impone un duro presente y nos condena a un porvenir sombrío. De una forma intencionada, se ha ofrecido a la ciudadanía una imagen falsa, ideológica e idílica de la hoy denominada Unión Europea, utilizando los medios de comunicación para proyectar una visión mítica y alejada de la realidad: una Unión Europea completamente ajena a los principios de cohesión y colaboración solidarios, que se ha convertido en una suerte de reserva de caza alemana en la que las economías fuertes explotan sus ventajas económicas y comerciales para aplastar a las débiles. Una Unión Europea gobernada por la ley de la selva.

Sin embargo, la gravedad de la situación económica y la caída del velo del bienestar individual hacen que comience a abrirse paso entre los habitantes de la periferia la idea de ser víctimas de una nueva colonización. Cada vez es más difícil ocultar que la implantación del euro ha generado una relación centro-periferia en el seno de la Unión Europea que enfrenta al Norte central y dominante con el Sur periférico y dominado. Ya no es posible negar que la existencia de la moneda única ha beneficiado a Alemania y a otros países ricos de Europa, reforzando su posición en el esquema europeo como exportadores netos de bienes de equipo y de consumo y como importadores netos de demanda general. Para decirlo claramente y en pocas palabras: la unión económica y monetaria ha permitido que los países centrales, especialmente Alemania, acumulen crecientes excedentes comerciales en su espacio vital europeo, bloqueando cualquier posibilidad de devaluación competitiva y alimentando una intensa redistribución del trabajo en perjuicio de las modestas economías de la cuenca mediterránea. Los países fuertes del centro, como Alemania, Holanda o Finlandia, incrementan su competitividad, conservan su soberanía nacional y financian sus estados de bienestar gracias a la pérdida de la competitividad, la destrucción de la soberanía y desmantelamiento del bienestar de sus compañeros de moneda, la periferia europea.

Los trabajadores del Estado español, junto a los del resto de economías periféricas, se han convertido en una reserva de mano de obra low cost. Como han señalado algunos autores, el proceso de construcción europea ha generado una nueva división internacional del trabajo, alimentando una dinámica colonialista caracterizada por la hegemonía alemana y por la subordinación de las economías periféricas[1]. Esto es lo que explica que las actuaciones estatales de control sobre el mercado y de protección de los derechos sociales estén siendo destruidas al ritmo de los dictados de la unión económica y monetaria. Cuando las exigencias del proceso entran en contradicción con las disposiciones estatales en materia de política social, los Estados periféricos proceden a adaptar sus respectivos sistemas de bienestar, siempre en el sentido de disminuir la protección de los derechos laborales y sociales. El dumping social no sólo no se ha combatido, sino que se ha fomentado, situando la regulación del factor trabajo como elemento de competitividad y desencadenando un feroz darwinismo normativo para reducir los estándares laborales y de protección social.

La nueva división europea del trabajo explica y promueve la progresiva destrucción de los modelos sociales estatales auspiciada por la troika e inmediatamente perceptible en dos ámbitos fundamentales: la flexibilización de los mercados de trabajo (en concreto, mediante la rebaja de la tutela de la estabilidad en el empleo y la devaluación del coste de la mano de obra) y la reducción de la protección social, en particular de los sistemas de Seguridad Social (reducción de la cuantía de la pensión de jubilación, reforma sanitaria, etc.). Su influencia se advierte igualmente en la reforma educativa del Ministro Wert, también auspiciada por las instituciones europeas, que orienta el sistema educativo hacia la preparación de mano de obra barata, provista de los conocimientos indispensables para desenvolverse adecuadamente en el mercado laboral basura que caracteriza a los países subdesarrollados. La posición dependiente y periférica de nuestra economía en el esquema europeo es radicalmente incompatible con la existencia de pensiones públicas, la educación y la sanidad públicas y un mercado laboral medianamente digno.

Al aceptar los dictados de la troika, las clases dirigentes de los países periféricos asumen su incapacidad de afrontar un camino independiente para sus respectivos países y sellan una relación de subordinación y dependencia semejante a la que se produce en el proceso de colonización clásico, caracterizado por la desposesión sistemática de las economías periféricas y la sobreexplotación de sus trabajadores. No debemos olvidar que son las clases dirigentes de los diferentes Estados miembros las que han construido y abonado este modelo de Unión Europea, bajo cuya intocable legitimidad han resguardado las más impopulares y duras reformas. La posibilidad de socavar la posición negociadora de los sindicatos abonó la traicionera connivencia de las élites de los países deficitarios, alimentando una alianza sólida y estable con la burguesía alemana para imponer un nuevo orden político-social a escala europea.

En este contexto, no deja de sorprender que determinados sectores de la izquierda española y europea insistan en reformar la eurozona como solución a la actual situación de emergencia social y económica. Con cierto aire panglossiano, invocando la necesidad de “más Europa”, se critica la fragmentación de la política fiscal y se denuncia la actuación de un BCE dispuesto a proporcionar abundante liquidez a los bancos mientras abandona a los Estados endeudados que soportan los ataques especulativos. Como propuesta política, se reclama la abolición del Pacto de Estabilidad, la creación de una autoridad fiscal y la modificación de los estatutos del BCE para que pueda conceder préstamos a los Estados que atraviesan por dificultades. En un arrebato de ingenuidad, incluso llega a hablarse de un “euro bueno” en el que podría establecerse un salario mínimo europeo para reducir los diferenciales de competitividad entre los países.

Se trata de una quimera que ha paralizado durante décadas a buena parte de la izquierda y del movimiento sindical y que bloquea la construcción de una alternativa al servicio de las clases populares de nuestro país. La zona euro carece de un estado único europeo y no hay ninguna expectativa de que pueda crearse uno en un futuro cercano. La unificación de la política fiscal supondría una completa reestructuración de la soberanía en toda la Unión Europea, construida a partir de una rigurosa jerarquía de estados y un cuidadoso cálculo de intereses nacionales, y precisaría un consenso que no va a producirse. Cualquier reforma posible debería respetar la jerarquía de poder existente, caracterizada por el dominio de los países de la zona central y muy especialmente de Alemania. Por expresar la idea con mayor precisión, el euro ha sido el medio utilizado para forjar la hegemonía del capital alemán, que se impone inexorablemente en el escenario europeo y que impide la posibilidad de realización de un programa que atienda a las necesidades de las mayorías sociales.

En nuestra opinión, cualquier agenda política que pretenda romper realmente con el neoliberalismo, incluso en un sentido reformista, debe plantearse en serio la salida del euro y enfrentarse a la Unión Europea como tal. Como ha señalado Costas Lapavitsas[2], la única salida progresista para nuestro pueblo consiste en abandonar de la zona euro y recuperar el control de la soberanía, en el marco de un desplazamiento radical del poder económico y social hacia el Trabajo. Una estrategia que empieza con el impago de la deuda soberana y se amplía a una salida del euro que permita a nuestro país escapar del cataclismo de la devaluación interna impuesta por la Unión Europea. Nuestro país tiene futuro, pero un futuro digno pasa necesariamente por romper con esta Europa y con las instituciones de esta Europa.


[II]

La Unión Europea se ha construido a golpe de falacias. Desde su creación, con la Comunidad Económica Europea en 1961, la defensa de la paz y de la libertad han aparecido como objetivos idealizados, en un espacio supranacional aparentemente basado en relaciones de igualdad y solidaridad entre los pueblos europeos. Este ideal actuó como un potente cebo para la ciudadanía del sur de Europa, muy especialmente la española, la portuguesa o la griega, que salían de sus dictaduras con el ansia de entrar en lo que parecía el club de la democracia y la prosperidad. A esta idealización contribuyó de forma notable el publicitado crecimiento económico que en el ámbito de la antigua UE-15 se produjo (en beneficio de unos más que de otros) durante casi dos décadas y que dotó de legitimidad y de un atractivo innegable al proyecto europeo.

No obstante, pronto se demostró que aquel “club” no era garantía ni de la democracia ni de la prosperidad, sino una trampa para inhibir la primera y arrumbar la segunda. En realidad, y como veíamos anteriormente, la trampa europea encubría una nueva colonización basada en relaciones de fuerza y caracterizada por el dominio de los países del norte europeo, fundamentalmente de Alemania. El Tratado de Maastricht y la aparición del euro desencadenaron una guerra comercial que ha devastado las economías de los países periféricos y lleva camino de hacer lo propio con sus sistemas políticos, destruyendo la soberanía y desmantelando el bienestar de los estados que se encuentran en dificultades. Pronto se evidenció que aquella prosperidad había derivado de un previo y continuado desarrollo económico y social conseguido en el plano nacional por estados enmarcados en el constitucionalismo social de posguerra, con dinámicas intervencionistas y planteamientos redistributivos que la unión económica y monetaria ha eliminado por completo. Se trata, en palabras de Emmanuel Todd, de la negación de Europa.

En este contexto, se antoja imprescindible desbordar los márgenes impuestos y atreverse a plantear la ruptura con las limitaciones que impiden el avance de un programa realizable de transformación social. En nuestra opinión, la salida del euro constituye una alternativa necesaria para recuperar la soberanía y superar la gravísima crisis que atravesamos. Se trataría, junto con la negación al pago de la deuda ilegítima, del primer paso de una estrategia constituyente que pretenda el reequilibrio de la economía en el marco de un desplazamiento del poder económico y social hacia el Trabajo, situando al Estado en el puesto de mando de la economía.

La estrategia tiene numerosos y diversos eslabones. De entrada, es previsible que la devaluación monetaria provoque un incremento de la deuda externa, pues debería liquidarse en una moneda mucho más valiosa que la nuestra y sería imposible continuar satisfaciéndola. Por lo que respecta a la deuda pública (alrededor de 300.000 millones de euros), parece ineludible la suspensión de pagos y la realización de una auditoría pública para asegurar una quita sustancial que aligere el aplastante peso de la deuda sobre nuestra economía. En particular, consideramos que debería declararse ilegítima la contraída por el Estado en la reestructuración y rescate del sistema financiero, que ha supuesto una obscena socialización de las pérdidas acumuladas por la banca en la financiación de las burbujas bursátiles e inmobiliarias.

Por lo que respecta a la deuda privada, los bancos estarían bajo presión y tendrían que afrontar quiebras. Las tensiones que experimentaría el sector financiero harían insoslayable la nacionalización del mismo y la creación de una banca pública con el fin de garantizar los depósitos y asegurar una financiación estable a las pequeñas y medianas empresas. Además, y fundamentalmente, el control público del crédito haría posible afrontar los desequilibrios de fondo que han provocado la crisis, convirtiendo la banca pública en un instrumento clave para revertir la financiarización de la economía y transitar de un modelo dependiente basado en la especulación a un modelo basado en la economía real, productiva e industrial.

En paralelo, el Estado debería nacionalizar los sectores estratégicos (servicios públicos, transporte, energía y comunicaciones) y promover una política de inversiones públicas que, manteniendo la protección y defensa del medio ambiente como pilar fundamental, contribuyese a modificar y renovar la estructura productiva del país, deteniendo los procesos de desindustrialización y especialización productiva que derivan de una inserción asimétrica en la economía europea. Como han destacado algunos autores, la crisis económica está provocando un preocupante deterioro de nuestra capacidad productiva motivado por la debilidad de la actividad inversora, la descapitalización del tejido industrial y la descualificación de la fuerza de trabajo, ahondando la fractura productiva que separa al centro de la periferia[3]. En este contexto, la reconversión del modelo productivo deviene una tarea urgente, so pena de embocar una rápida y dramática transición al subdesarrollo. En definitiva, se trata de iniciar una trayectoria de crecimiento diferente, caracterizada por la intervención pública en la economía, la colaboración de un sistema bancario público y el respeto al principio de sostenibilidad ecológica.

Como correlato de lo anterior, la estrategia constituyente tendría que abordar dos aspectos cruciales para detener y revertir la ofensiva neoliberal: una reforma fiscal progresiva y una profunda reestructuración del mercado de trabajo, como expresión de una nueva racionalidad económica que sirva a los intereses de la mayoría social. En efecto, la extensión de la base imponible a los sectores más poderosos y la persecución del fraude fiscal permitirían expandir el gasto público y mejorar las prestaciones sociales, especialmente sanidad y educación, que han sufrido un importante deterioro a causa de los recortes presupuestarios. Del mismo modo, harían posible la reorganización del sistema de pensiones transfiriendo recursos de los presupuestos generales del Estado para garantizar la sostenibilidad del sistema y el poder adquisitivo de las prestaciones[4].

En lo que atañe al mercado de trabajo, urge una respuesta contundente y efectiva a la emergencia social provocada por la situación de paro y precariedad generalizados, otorgando a la legislación laboral un necesario protagonismo político. De entrada, nos enfrentamos a la necesidad de desandar el camino andado durante las dos últimas décadas, retomando la creación de empleo decente como eje nuclear de la política económica. En este sentido, las últimas reformas laborales aprobadas por el PSOE (2010-11) y el PP (2012-13) deben ser expresamente derogadas. Las nuevas normas laborales deberían incentivar la creación de empleo decente, estable y con salarios dignos, mejorar las condiciones de trabajo, prestando una atención especial a la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, a la corresponsabilidad y a la inserción laboral de la juventud así como reforzar la negociación colectiva. Partiendo de esta base, una de las estrategias para combatir el paro que permite una salida progresista y solidaria a la grave situación actual es la reducción de la jornada laboral de manera generalizada para facilitar la colocación de los trabajadores desempleados. Esta medida estratégica debería complementarse con un incremento significativo del salario mínimo interprofesional y con la extensión de la protección por desempleo, a fin de contrarrestar los efectos más nocivos del ajuste interno y alumbrar un modelo diferente de distribución de la riqueza producida por la sociedad.

En los anteriores párrafos hemos resumido la estrategia que, en nuestra opinión, permitiría superar la dinámica colonial en la que nos encontramos tras la implantación del euro. Por supuesto, el empleo del término “constituyente” tiene un significado preciso y congruente con la hoja de ruta anteriormente esbozada: la clave es impulsar un proceso constituyente para realizar una transición democrática completa, que solvente las graves carencias arrastradas desde la dictadura y que refleje un nuevo equilibrio de fuerzas entre clases y entre géneros. No puede haber un reequilibrio de la economía a favor de los trabajadores sin una profunda transformación del Estado en un sentido republicano, plurinacional y democrático, con pleno respeto al derecho a decidir de los pueblos. Una transformación que refleje una gran alianza político-social para sustituir mecanismos de gobierno ineficientes y corruptos por la transparencia y la participación popular permanentes. Esta alianza existe de manera potencial en nuestra sociedad y podría materializarse si las izquierdas políticas y sociales se aglutinasen en un giro radical alrededor de una estrategia constituyente que dispute la hegemonía a la oligarquía.



[1] NAPOLEONI, L. Democracia en venta. Cómo la crisis económica ha derrotado la política. Barcelona, Paidós, 2013.
[2] LAPAVITSAS, C. Crisis en la eurozona. Madrid, Capitán Swing, 2013.
[3] ÁLVAREZ PERALTA, I.; LUENGO ESCALONILLA, F. y UXÓ GONZÁLEZ, J. Fracturas y crisis en Europa. Madrid, Clave Intelectual, 2013.
[4] Vid., en esta línea, el documento “En defensa del sistema público de pensiones”, disponible en http://documentopensiones.org/.

divendres, 7 de març de 2014

Toni Zenet - amaneció sin querer

ZENET - "ELLA ERA MALA "

ZENET - SOÑAR CONTIGO

Entrevista con Antonio Maira, cofundador y miembro del Colectivo militar Anemoi (I)


Portada :: España :: Rebelión en los cuarteles
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf07-03-2014

Entrevista con Antonio Maira, cofundador y miembro del Colectivo militar Anemoi (I)
La conquista pacífica de los cuarteles, en la que está trabajando intensamente Anemoi, debe culminarla el pueblo"



¿Quiénes forman Anemoi?A.M.- Para responder tengo que explicar primero lo que es Anemoi. Solo si la gente entiende eso podré contestar a la pregunta. Anemoi es un grito gigantesco de rebeldía y de esperanza, de dolor y de furia; que surge del pueblo, que Anemoi recoge de ese pueblo y que después lanza a los cuarteles.

Tengo que emplear una imagen muy sencilla: Anemoi es como un micrófono con dos altavoces orientados en sentido contrario: uno de ellos se dirige hacia el pueblo humillado, empobrecido, desarticulado, privado de sus derechos; y reprimido económica, política, social y policialmente, con ferocidad; el otro altavoz se dirige hacia las Fuerzas Armadas (FAR) y Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE). Aclaro que no solo a ellas como instituciones; sino, sobre todo, a todos y cada uno de sus componentes.

Empezamos siendo apenas una decena de personas, ahora “sabemos” que somos miles. No hay más que observar como se está llenando de amigos y de “lectores” nuestra casa. No solo el espacio físico que nos cedió el CAUM en la “presentación del colectivo, cara a cara frente al público” [1], en Madrid; sino, sobre todo, en nuestra casa en la Red, en “Rebelión en los Cuarteles”. Ese pequeñísimo rincón en Internet ha sido nuestro “cuartel general informativo” durante más de un año, y ¡Vaya, si se ha llenado!

Anemoi es –como hemos dicho en varias ocasiones-; una posición social y política, vinculada a un documento programático: el Manifiesto“Las Fuerzas Armadas con el pueblo y varios Comunicados, más coyunturales pero extraordinariamente importantes porque son ya parte concreta y directa de nuestra lucha cotidiana. Esos Comunicados son los siguientes: Comunicado contra la Ley de Seguridad Ciudadana a la que definimos –con todo el conjunto represivo como “golpe de estado encubierto”;Comunicado contra la Ley de Seguridad Privada en el que denunciamos y explicamos el “conjunto integrado” del sistema represivo que prepara el GobiernoComunicado de adhesión del colectivo Anemoi a las Marchas de la Dignidad del 22 de marzo en el que señalamos nuestros aliados en esta lucha; y, fundamentalmente, el Comunicado: Intolerables planes de intervención militar contra Cataluña, porque en él afrontamos y enfrentamos el riesgo más inminente del neofascismo que nos está llegando desde el Gobierno como un verdadero tsunami.

Anemoi –como “corriente de opinión” presente en las FAR y en las FSE-; es asumida ya por varios cientos de oficiales y también militares de alta graduación: coroneles y tenientes coroneles fundamentalmente, con algunos almirantes y generales.

Por supuesto, el otro núcleo fundamental de militares que comparten el espíritu de Anemoi; el principal porque tiene larga experiencia de represión en lucha por los derechos de los militares, por la libertad de expresión en las FAR, y por su identificación con el pueblo; es, probablemente, una parte muy importante de los oficiales, suboficiales y soldados profesionales que componen la Asociación AUME cuyo presidente es el subteniente Jorge Bravo.

La AUGC (Asociación Unificada de la Guardia Civil) también ha encontrado sitio en nuestra casa, Rebelión en los Cuarteles, para contar y documentar la escalofriante historia de esa parte de la Guardia Civil que siempre optó por el pueblo: Guardias civiles vs Guardias civiles (O la historia no contada de la lucha por la democracia desde las entrañas del Estado).

Como en el caso de los jefes y oficiales; entre los suboficiales y tropa profesional comparten nuestro discurso, nuestra sintonía de servidores del pueblo, los que no han sido fuertemente ideologizados y han asumido el rol de “rambos” (fuertemente pagados); o los que han sido reclutados “en bloque” o en “centros de reclutamiento especiales” de países con un lamentable historial militar de derechos humanos: como Chile o Colombia.

En cuanto a los españoles la crisis y la posibilidad de encontrar un trabajo ha sido determinante. No obstante muchos han sido enrolados siguiendo el modelo de Michel Moore en Fahrenheit 9/11, con reclutadores uniformados de gala (la Infantería de Marina en los institutos de la comarca de Jerez), o utilizando “simuladores de vuelo” (el Ejército del Aire) como medio de captación de jóvenes casi adolescentes.

Alguna de las exhibiciones aéreas muy en boga en los últimos años, han sido instrumentos privilegiados de propaganda de las “guerras humanitarias” y para el reclutamiento de jóvenes. La de Cádiz, con control aéreo desde la Base de Rota ha divulgado una versión idílica de la “guerra antiterrorista” y de las “operaciones humanitarias”. El show terminó parcialmente con el gravísimo accidente de Cuatro Vientos el 6 de mayo de 2013, y con las crecientes protestas ciudadanas. Además, los sectores duros han utilizado todos los medios posibles de adoctrinamiento: renovación de juras de bandera, incluso han reactivado organizaciones semiclandestinas como la de “excombatientes”.

Así pues, el espíritu de Anemoi está siendo asimilado por militares y miembros de las fuerzas armadas de todas las graduaciones. El proceso es acelerado porque la crisis y sus efectos devastadores también lo es.

La fuerza de la verdad, cuando es inmediata a la percepción de las personas, es enorme.
P.- ¿Es así tan fácil? ¿Anemoi está ganando los cuarteles?

A.M.-No, no; de ninguna manera. No, por el momento. La lucha va a ser larga y muy dura. Lo que ocurre es que el fiel de la balanza, que hace unos meses se inclinaba hacia el “franquismo-otanista” de manera rotunda empieza a oscilar hacia el otro lado.
Anemoi está dando su batalla pacífica en los cuarteles. Que nadie entienda que ésta es una batalla ganada. Por otra parte, hemos dicho desde el principio que “la conquista pacífica de los cuarteles”, en la que está trabajando intensamente Anemoi, debe culminarla el pueblo. El pueblo tiene un papel determinante. Absolutamente decisivo.

En los cuarteles hay una inmensa mayoría de profesionales honrados pero que han seguido hasta ahora lo que les han dicho que es el “curso natural de las cosas”. Los han adoctrinado por dos canales distintos: uno el de la “casta franquista”; otro el de la “conexión atlántica” -con los EE UU, la OTAN, la UE y sus alianzas militares-, que ha elaborado todos sus documentos estratégicos, tácticos, logísticos y, por supuesto, de inteligencia. Nada importante se hace en un cuartel, base naval o base aérea, que no esté “normado” por un código directriz de la Alianza Atlántica. La OTAN identifica cuáles son nuestros enemigos, incluso los ”enemigos internos”.

esta casta militar –que no puede hablar de patriotismo- tiene el desprecio profundo de muchos de sus compañeros de armas. Su identificación precisa como casta está hecha en un artículo que he publicado hace meses.
Quiero hacer aquí una observación importante para que no se sientan ofendidos miles de personas honorables, de militares honrados: la “casta militar” no puede identificarse con los apellidos de tradición militar, sino con aquellos que han mantenido la ideología franquista, le han sumado la obediencia a Washington como “nuevo factor de patriotismo”, y han gobernado la institución como un “coto privado”. Ellos son parte de la oligarquía. Su docilidad política ante Washington, es tan grande, su relación con esa organización armada político-militar, tan estrecha, que los militares atlantistas sirven de correa de transmisión de los “deseos de los EE UU” ante unos políticos absolutamente entregados al imperio. No hay más que leer los primeros papeles de
Siempre ha habido militares de tierra, mar y aire, de larga estirpe familiar que se han identificado con el pueblo. No hay más que recordar a Hidalgo de Cisneros, jefe de la aviación republicana, y a cientos de apellidos más en los tres componentes de las Fuerzas Armadas y, por supuesto, en la Guardia Civil.
Con criterio mucho más informado que el mío, la casta franquista-otanista, con relación a los oficiales y jefes de la Armada fue claramente identificada y saludada por el anterior embajador de los EEUU en España, con una expresión de júbilo: “¡Ellos son nuestros fans!”. No hay más que leer los primeros papeles publicados porWikiLeaks para apreciar claramente la superioridad despreciativa con la que los diplomáticos estadounidenses se referían a los principales líderes, personajes y personajillos de los dos últimos gobiernos.
La batalla va a ser muy dura. Y la tiene que ganar el pueblo con sus luchas. Que nadie crea que los Borbones van a ser derribados sin más. Ellos; si pueden, optarán como todos sus ascendientes por la reacción y por el fascismo.
P.- Vuestra posición en este punto es muy clara: “La obediencia de las FAS al Rey debe ser definitivamente quebrada. Únicamente es aceptable que la Jefatura de las Fuerzas Armadas recaiga en quien que haya sido democráticamente elegido. La III República es, pues, inaplazable”.
A.M.-Inaplazable y urgente, añadiría yo. Tanto Juan Carlos de Borbón. y Borbón (por si fuera poco con uno solo de esos apellidos), como Sofía “de Grecia”, llevan en los genes lo que he dicho antes: son excrecencias del franquismo y de la “Grecia de los coroneles”.
Juan Carlos, además, tiene muchos cargos a los que responder; algunos gravísimos: homicidio en la persona de su hermano; apoyo expreso a los últimos asesinatos del dictador genocida Francisco Franco; mando supremo (supremo “borboneador” habría que decir, con más exactitud) durante el 23F; saqueo continuado de la Hacienda Pública, “marcando la pauta” para una corrupción desenfrenada de los cargos públicos generalizada e impune; por solo recordar los más lejanos y los más graves. En una de las declaraciones más significativas, no recuerdo si de la infanta Cristina o de su madre, decía algo así como “las cosas han cambiado, lo que antes parecía natural, ahora no lo es”. Se refería, a las “mordidas” por las intermediaciones en nombre de la “casa Real”. La historia contada al revés.
Tenemos que luchar y al mismo tiempo ir recuperando la memoria para saber quien somos, de dónde venimos, y cuáles son nuestros enemigos.
Quiero recordar aquí que Anemoi es un “vinculo fraternal” entre el pueblo y sus Fuerzas Armadas. La estrategia de “conquista pacífica de los cuarteles” requiere un esfuerzo compartido. El pueblo –representado por los sectores en lucha-, debe decir también, claramente, a las Fuerzas Armadas, que su deber es servir al pueblo y no reprimirlo. Encontrarán mil modos para hacerlo.
P.- ¿Consideráis esencial la recuperación de la memoria histórica?
A.M.- Sin lugar a duda aunque yo diría -para responder con más exactitud a tu pregunta-; que hay, al menos, “tres memorias históricas que recuperar dentro de un largo período de violencia extrema, genocidio, oscuridad, engaños, mentiras, represión y silencio.
Esa memoria completa tiene que recorrer hacia atrás hasta los años inmediatos a la instauración de la II República. Se trataría de “enfocar” a los Borbones y al propio Juan Carlos y decidir, de una vez por todas, sobre un hecho fundamental: el necesario “derrocamiento inmediato de la Monarquía”.
La recuperación de esta memoria es vital para los jóvenes. Tienen que saber en dónde están sus referencias históricas, que ha sido este pueblo y cuáles han sido sus luchas, con cuánta sangre, con cuanto valor, con cuanto heroísmo, defendió los derechos de los que ellos han sido desposeídos en los últimos años.
La Historia es un proceso, comprensible por el enlace de diversos “hitos históricos”. Hay que recordar, por ejemplo, que el abuelo de Juan Carlos, Alfonso XIII, había defendido su corona tambaleante colocándola a la sombra de la dictadura del general Primo de Rivera que ordenó aniquilar el anarco-sindicalismo catalán (la CNT). Además militarizó, rearmó y les dio “carta blanca” a los “somatenes” –el pistolerismo “burgués” de la patronal, similar al que quiere poner en marcha Rajoy con laLey de Seguridad Privada.
Ya en las postrimerías de su reinado –cuatro meses antes de la proclamación de la II República ordenó el fusilamiento de los capitanes Fermín Galán y García Hernández que se habían sublevado en Jaca. Otro capitán, Sediles, también condenado a muerte, fue indultado por las fuertes movilizaciones populares.
Ese mismo “abuelito Borbón” del “largo y penoso exilio”, el día 14 de abril de 1931 consultó a los entonces Generales Sanjurjo y Mola (Jefes de la Guardia Civil y Director General de Seguridad, respectivamente) sobre la posibilidad de declarar el “estado de sitio” y garantizar con las armas la continuación de la Monarquía. Esos dos generales serían, con el dictador genocida “Generalísimo” Franco (ese dictador “casi benéfico” que presenta la Real Academia de la Historia), los tres principales golpistas de 1936.
Esta primera memoria –sus grandes hitos que hay que recuperar y enlazar-, nos coloca ante la última legitimidad democrática: la de la II República, y desvela la intención de buena parte de quienes quieren someter ahora la Monarquía a un retoque constitucional y someterla después a un “Referéndum-Plebiscito” popular.
No sé como se llamará esa “Operación” pero la dirige la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría cuyo padre aparece ahora como uno de los “golpistas encubiertos” del 23F. Tal cosa es inaceptable. Anemoi ha expresado con claridad su posición, de manera absolutamente consecuente con su Manifiesto que dice:
La obediencia de las FAS al Rey debe ser definitivamente quebrada. Únicamente es aceptable que la Jefatura de las Fuerzas Armadas recaiga en quien que haya sido democráticamente elegido. La III República es, pues, inaplazable”. (Las Fuerzas Armadas con el pueblo).
De esta memoria histórica, los principales portadores son las organizaciones republicanas y las organizaciones específicas de “la memoria histórica”. También algunas organizaciones políticas y movimientos sociales que están peleando muy duramente por la recuperación de la memoria de esas luchas y, también, por la recuperación de un lenguaje que nos han robado durante la Transición y su postfranquismo.
P.- ¿Cuáles son las otras dos Memorias a recuperar? ¿Qué importancia tienen?
La de la Transición y la del 23F.
La importancia es que las “desmemorias” de la Transición y del 23F, están integradas y trenzadas. Y esa trenza llega hasta nuestros días, lazo sobre lazo, nudo sobre nudo. Destrenzarla y construir un mundo nuevo es la doble tarea que han iniciado muchas organizaciones sociales, sindicatos de base, colectivos en lucha, pequeños grupos políticos; y en la que también se ha empeñado Anemoi.
Ese es el verdadero nudo gordiano que hay que deshacer. La misma traición que se produce con los “Pactos de la Moncloa”, la aceptación de la Monarquía, y el pacto constitucional, se repite en el 23F y en la planificación de sus consecuencias.
La “formalización” de estas dos traiciones y su “normalización” convierte en un auténtico fraude todo el proceso político posterior.
La Constitución de 1978 conduce -a través ese proceso político negociado-; a la gran debacle actual.
Esa recuperación triple de la memoria de un pueblo es lo que antes de que nos robaran todo el lenguaje significativo se llamaba “toma de conciencia”. Es el paso previo de la “hegemonía social” de la que hablaba Gramsci.
P.- ¿Qué efectos ha tenido esa “desmemoria”?
A.M.- La “desmemoria” nos ha llevado a una lenta percepción de la crisis, de sus consecuencias, de los sectores progresivamente afectados y, sobre todo, de sus causantes y sus beneficiarios.
Nos han engañado con consuelos falsos y previsiones alentadoras: desde la negación de la crisis y el anuncio repetido de los “brotes verdes”, hasta el ocultamiento de la recesión y de la depresión. Ahora están repitiendo la buena nueva del “inmediato crecimiento” y la “inminente creación de empleo”. Entre tanto una oligarquía social de banqueros, empresarios, políticos, contratistas y contratantes públicos, altos funcionarios de todas las administraciones y componentes de todos los poderes del Estado se han estado “forrando” de los presupuestos y alimentando un deuda absolutamente impagable y completamente ilegítima.
Se ha transformado sistemáticamente deuda pública (derivada del saqueo y de los rescates) en beneficios bancarios. El Régimen ha funcionado como una auténtica aspiradora de riqueza, desde las clases trabajadoras, los sectores populares, los funcionarios de bajo rango, los contratados de las administraciones públicas, los jubilados, los pequeños ahorradores, los jóvenes emprendedores, los ahorros familiares, hasta una oligarquía que se ha enriquecido de una manera criminal y escandalosa.
P.- Volvamos a tu imagen de los altavoces ¿Qué vocean esos altavoces?
A.M.- Además de todo lo que he dicho anteriormente, esos altavoces denuncian el “fuerte aparato represivo integral” que está montando el Estado con dos frentes complementarios:
El primero es el propiamente represivoLey de Seguridad ciudadanaLey de Seguridad privadaReforma del Código PenalReforma del Código Penal Militar (y de todos los reglamentos represivos dentro de las FAR), nuevo proyecto de la Ley de Huelga y -por el momento-; todavía vendrán más, la más cruel e inhumana de todas: la nueva Ley del aborto.
No es, “únicamente”, como nos han hecho creer, una imposición de la Conferencia Episcopal, el Opus y otras organizaciones militantes de la extrema derecha católica a las que “representaría” en el Gobierno el ministro de justicia Gallardón. Incluso, determinados comentaristas han apuntado que es una “cortina de humo” para desviar la atención del “otro conjunto represivo” y de la continuidad, sine die de la crisis económica.
La Ley del aborto está plenamente integrada en el “gran paquete represivo, penal o administrativo (es decir, arbitrario)” del Gobierno; y también en el “crimen social” que suponen los recortes económicos y el despojo de derechos a los trabajadores. Por si fuera poco todo eso, la ley del Aborto –combinada con la ley de Educación de Wert- es un instrumento poderosísimo de cambio cultural; de adoctrinamiento y fascistización del pueblo.
Se apropia del cuerpo de las mujeres suplantando su voluntad, abarata su “coste empresarial” -reduciendo sus salarios-, y las desplaza del mercado de trabajo. Disminuirán los índices de empleo forzando a una parte de ellas a retornar a sus hogares y desistir de su afiliación a las listas del INEM. La eliminación de la ley de plazos (justo es reconocer el mérito de Zapatero en este tema) y la liquidación del supuesto de “malformación”, junto a la eliminación por abandono de la Ley de Dependencia, es un crimen social de Gallardón; y el mayor y más brutal recorte que han hecho Guindos y Montoro. No hay sensibilidad humana que pueda permanecer indiferente.
El segundo frente es el del silencio. La implantación de un modelo represivo ha de ser gradual y “progresivamente aceptado”. Y así fue durante varios años. Hay que recordar que la crisis explotó en la realidad en agosto de 2007. No ocurrió así en Falsimedia que mantuvo el silencio mientras los grandes capitales se recolocaban y seguía el reparto básico del poder: el “juego político del bipartidismo”. En el 2008 el “duelo electoral” fue entre la “niña de Rajoy” y el “conservadurismo compasivo” de Zapatero. Ni una palabra sobre la crisis.
Para eso el los gobiernos del bipartito ha contado con dos aliados: el primero han sido los medios de comunicación: Falsimedia, que han “mareado la perdiz” y han consentido y participado del sistema de poder y de la estructura global de corrupción.
El segundo aliado en ese “pacto de silencio” ha sido la Ley de Secretos Oficiales de 1968. Zapatero, en Consejo de Ministros del 15 de octubre del 2010, amplió por una resolución secreta, el contenido de los documentos no publicables (en Defensa eran todos), a ministerios como Exteriores y Comercio. A partir de entonces no solo los documentos secretos de Defensa permanecían clasificados a perpetuidad, sino que se incluían los de Exteriores y Comercio. Contratos militares, mediaciones reales en negocios empresariales, ventas de armas, resolución de las deudas de la ejecución de los planes de Defensa… Todo bajo secreto.
Evidentemente las sombras del soldado Manning y de las primeras entregas de WikiLeaks planeaban por encima de Zapatero. Y todavía no había llegado Edward Snowden. También planeaban, seguramente, los negocios privados-públicos de la Monarquía, y sus intervenciones escandalosas en apoyo de grupos empresariales, como la que había tenido lugar en la Cumbre Latinoamericana de Santiago de Chile, ante Bolivia, Nicaragua, Venezuela y los demás países presentes en la Cumbre.
La noticia sobre la generalización de los asuntos reservados, hasta hacer prácticamente imposible la investigación histórica apareció en El País el 12 de mayo de 2012, como una nota de protesta de los investigadores.
P.- ¿En dónde vocean esas verdades de las que ustedes hablan?
Anemoi vocea en en esa enorme verbena de corrupción, mentira y colusión entre poderes económicos y políticos que es el estado español.
Su voz va ganando potencia con el tiempo y terminará haciéndose oír por todo el mundo, aunque muchos de los que oyen simulen que esa voz no existe.
El micrófono dice verdades globales –fundamentalmente sobre la Monarquía y determinados sectores de las FF.AA- que nadie puede repetir todavía porque no tiene micrófono para ser oído y porque la verdad vive en las catacumbas del sistema (no en las “cloacas” de Felipe González). Además las modificaciones legales pero ilegítimas que están en camino van a poner las cosas más difíciles todavía.
Anemoi las dice, las demuestra, las documenta y las grita. Nada es más revolucionario que la verdad. Habla, por ejemplo, de la corrupción generalizada como savia funesta del Régimen, del carácter groseramente antidemocrático del sistema político, de la explotación generalizada de la clase trabajadora, de los sectores populares y de una parte importante de las clases medias, con especialísima incidencia en los jóvenes y en las mujeres. Y de la progresiva puesta en marcha de un “sistema represivo integrado” que poco o nada que envidiar al que puso en marcha el “orden legal” del franquismo, del nazismo del fascismo.
Poco a poco, pero a grandes saltos, ese pueblo educado para la credulidad a los poderes públicos y a sus medios de comunicación –Falsimedia-, empieza a entender la nueva melodía de la verdad. La entiende porque coincide con sus vivencias.
Poco a poco los componentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de las Fuerzas Armadas, las más sensibles y las más honrados de ellas “empiezan a leer la crisis en clave popular, no oligárquica”.
Anemoi es el vocero que canta verdades desde el micrófono. Empezamos siendo poco más de una decena; ahora somos miles.
¿Cuál es la estrategia de comunicación?
La estrategia inicial ha sido la denuncia. Se trataba, sobre todo, de romper el silencio y la impunidad. Hechos concretos, muy significativos, que implicaban a mandos militares o policiales en actuaciones muy graves, lamentables, indignas, y que no tenían respuesta ni implicaban las investigaciones necesarias, las explicaciones convincentes y los castigos que marcan las leyes penales. Y que implicaban, sobre todo, al Gobierno y al Régimen que es el realmente responsable.
Alguno de estos hechos violaba evidentemente el “derecho humanitario” referido a crímenes de guerra. No hay más que leer la sección Rebelión en los cuarteles, para ver como se desarrollo esa denuncia continua.
No obstante, la estrategia fue evolucionando. El más débil debe adaptarse a las debilidades del enemigo, acompañarlo en su camino y acosarlo. Es una “guerra de guerrillas informativa”.
Mantenerse lejos de la posibilidad de aniquilamiento. Apoyarse en sus aliados, recordar que en situaciones de represión social y policial tan intensas, el pueblo es el gran antagonista del Régimen.
La segunda fase estratégica fue vincularse al pueblo en lucha. Animarles a la lucha. En eso estamos. Así pues el terreno que era de su maquinaria represiva: del miedo, de la desesperanza, de la represión cada vez más acentuada, y de la sumisión forzada de la gente, se está convirtiendo en escenario de lucha. Repito, la transformación del pánico a perder lo poco que iba conservando la gente, en cólera y en unidad de lucha, no es mérito de Anemoi. Somos simples servidores de ese pueblo, de los de abajo.
En nuestro enfrentamiento concreto y pacífico, el de Anemoi, como vocero del pueblo dentro de las FAR el equilibrio se está desplazando hacia nosotros. Lenta pero inexorablemente.
Y entonces se produjo algo insólito.
El Estado Mayor del Ejército (E.M.E.) cometió un gran error. El mismo declaró “sospechosos” a todos los militares sin distinción de rango, cargo, empleo, responsabilidad. Los declaró sujetos a vigilancia, tanto en su vida profesional como familiar, incluso en su vida pública a través de Internet, redes sociales y, naturalmente, teléfono. Se trataba de localizar a los “elementos antisistema” a través de una vigilancia total. Es la suma de los síndromes “soldado Manning+WikiLeaks Snowden”.
Reapareció el franquismo en su forma más pura.
El documento secreto que ordenaba tal vigilancia fue publicado por El País bajo el título de “El Ejército toma medidas ante los brotes de “radicalismo” en sus filas”, el día 19 de noviembre de 2013. El artículo permite el acceso al documento auténtico (en formato pdf).
Así que la tercera fase estratégica la ha marcado el grave error del enemigo.
La mejor batalla ganada por Anemoi y por el pueblo que lucha contra el capitalismo neoliberal y el neofascismo, se la ha entregado el Gobierno y su E.M.E. Su peor enemigo.
P.- ¿Por qué los miles no se colocan detrás del micrófono?
A.M.- Eso tiene que ver con la particular régimen represivo al que están sometidos los militares y, mucho más las FSE. Para ser más exactos, la absoluta imposibilidad -sin sufrir penas muy severas, penales y administrativas-, de expresar opiniones que tengan que ver con la situación política, social, económica en la que ejercen sus tareas, y los modos de ejecutarlas en relación con temas tan graves como la soberanía popular, la soberanía exterior, la obediencia al Rey, o los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Después de un 23F en él que los llamados “partidos democráticos” o “partidos del arco parlamentario” traicionaron, con el Rey a la cabeza, al pueblo por segunda vez; las libertades de los militares se voltearon como un guante para que se ajustaran a los deseos y a los intereses de los golpistas. La Constitución se volvió intocable por decisión de los que la habían violado.
Lo que decimos nosotros, aún siendo ciertas nuestras denuncias sobre hechos probados y documentados, sólo son posibles, por el momento, para militares jubilados, y aún así, con severísimos riesgos.
De todas maneras, se están empezando a producir las circunstancias para que los militares que se sitúan al lado del pueblo puedan manifestarlo de forma pública y colectiva. En realidad, muchos ya lo están haciendo. De eso hablaremos dentro de unos meses.
P.- ¿Por qué crees que ese germen que lanza Anemoi va a ser suficiente para alterar el equilibrio de los cuarteles? De puertas para adentro ¿sois vosotros el principal enemigo del franquismo residual y del neofascismo o imperialismo contemporáneo?
A.M.- Ellos mismos son su peor enemigo. Es más, ellos mismos han perdido la primera gran batalla, como ya he explicado. Ellos mismos han ofendido severamente a todos los miembros de las FAR convirtiéndolos en objetivo de vigilancia.
Pero, por supuesto, su gran enemigo es el pueblo que lucha. Ese pueblo se está convirtiendo en invencible.
Nota:
[1] Antonio Maira fue uno de los representantes de Anemoi que participaron en la presentación pública del Colectivo, en el CAUM de Madrid el día 23 de enero
José Daniel FierroMiembro del Consejo Editor del periódico Rebelion.org
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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dijous, 6 de març de 2014

BLAUMUT - BICICLETES Pablo Alabajos


Un esguard de mar blava

A l'esguard de la mar blava
reposa la meva mirada.
Serena.
Assossegada.
Esperant que brogit d'onada
em mulli l'esquena
i la salabror em dibuixi vestit,
en pell de seda.
La fredor manté viu
el desig de conquistar-la
allí on la roca esquerpa,
es sent esgarrapada.
Ella arriba i marxa,
sempre amb pressa.
Sols quan hi ha calma,
es transforma
amb el mirall de l'ànima,
que mulla la terra.
Llavors imaginar no costa,
poder passejar-la
i sentir sota els peus,
pessigolles de sirena.
La seva immensitat
la vista no l'avarca 
i mentre la contemplo asseguda,
somio que en sóc
perla de la seva escuma.
Allí on descansa
en secret deixa 
la porta oberta,
per que en pugui passar
si alguna nit
en necessito carícia
tot esperant,
a que l'esguard de mar blava
em mulli l'esquena.

BLAUMUT - BICICLETES Pablo Alabajos

¿Qué partidos políticos?


06-03-2014

El Seminario Crítico de Ciencias sociales organiza un debate sobre los partidos y su relación con los movimientos sociales


                               ¿Qué partidos políticos?


Enric LlopisRebelión


En la calle, en los bares y en los mercados, atruenan las críticas contra la denominada “clase política”. La corrupción, las mentiras, las impostaciones y el gasto superfluo hartan a unos ciudadanos que cada vez más, como señalan las encuestas del CIS, expresan su fastidio. Pero cabe plantearse si estas críticas no eximen al poder financiero y otros poderes, “en la sombra”, que realmente manejan los hilos. O en qué medida políticos y compañías privadas se entremezclan, por ejemplo, a través de las llamadas “puertas giratorias”. Otro nudo de análisis atañe a la izquierda, en concreto, la relación entre partidos de izquierda y movimientos sociales. Con otra derivada: en qué medida ha de participar la izquierda en la política institucional.
La segunda sesión del Seminario Crítico Permanente de Ciencias Sociales ha abordado estos asuntos en la facultad de Derecho de la Universitat de València. Jaime Pastor, profesor de Ciencias Políticas de la UNED, comienza el análisis en el franquismo tardío, cuando los partidos políticos (cuya influencia será creciente) de izquierda mantienen una estrecha relación con el movimiento obrero, los estudiantes y las organizaciones vecinales. Ya en la transición, y al no producirse una “ruptura” sino una “reforma”, “se conforma una democracia representativa en que otorga toda la centralidad a los partidos políticos”. Por ejemplo, mediante el sistema electoral. Se trata, en resumidas cuentas, de anteponer la gobernabilidad a la pluralidad y la representatividad de la sociedad española.
Hay una creciente afiliación a los partidos entre los años 1976 y 1978, pero la tendencia varía a partir de 1979: comienzan las desafiliaciones, un fenómeno que afecta singularmente al PCE. “Estos procesos tienen que ver con el , la desmovilización y la cooptación de cuadros”, apunta Jaime Pastor. A partir de 1982 se conforma un “régimen” en el que el PSOE, partido que sustituyó a la derecha tras la implosión de UCD, trataba de ocupar un amplio espectro político (abarcando a derecha e izquierda) y se ofrecía como partido “estabilizador” del nuevo “régimen”. Hasta la década de los 90, con Aznar, no fragua una alternativa al PSOE por la derecha. “Es entonces cuando se forja el entre los grandes partidos”, señala Jaime Pastor.Derivada del “régimen de la transición” es la cultura del “cinismo político” (expresiones que han utilizado autores como José María Maravall y Joan Botella). A ello se agrega la cultura del “voto útil” cuando se acercan los procesos electorales, y una tendencia a la oligarquización de los partidos políticos. Así, el PSOE se constituye como partido “de aluvión”, como una expresión de las clases medias ascendentes y la modernización del capitalismo español. En la derecha se da, a grandes rasgos, una adaptación tendencial al régimen neoliberal. Coexisten en la derecha tres tendencias: nostálgicos del franquismo; gente que está aprendiendo a participar en la democracia; y otros sectores más en la onda capitalista, vinculada de algún modo al capitalismo financiero-inmobiliario y a la corrupción.
La prioridad absoluta es la gobernabilidad. Instituciones como la monarquía, el Senado o la sobrerrepresentación de grandes partidos y pequeñas autonomías contribuyen a este fin. Jaime Pastor recuerda cómo Pío Cabanillas afirmaba, antes incluso de que se constituyera la UCD, lo siguiente: “No sé quiénes, pero ganaremos”. A ello se agrega una segunda línea de fractura: el nacionalismo español frente a los periféricos. En el caso vasco, señala el profesor de Ciencias Políticas de la UNED, “la izquierda abertzale se configura como frente al desenlace frustrante de la transición en Euskadi”. Por otra parte, “a la izquierda de la izquierda” no le alcanzó para entrar en las instituciones ni para garantizarse el “umbral de supervivencia”. Muchas de estas organizaciones se disolvieron y, las que pervivieron, estrecharon ligazón con los movimientos sociales. Pastor pone el ejemplo de las campañas contra la OTAN y a favor de la insumisión.Con la transición, de la agenda oficial se excluyeron absolutamente los disensos. Los grandes partidos (“catch-all plus”) se hicieron de grandes audiencias y una encarnación del “cinismo político”. Con el estallido de la crisis, explica Jaime Pastor, estos partidos se sometieron a la dictadura de los mercados y a la cleptocracia. ¿En qué situación nos hallamos? “Se ha configurado un nuevo escenario en el que los movimientos sociales de la y la irrupción de las generan la necesidad de nuevas formaciones políticas”. En el campo de la izquierda, estas nuevas formaciones han de convertirse en “herramientas de los nuevos movimientos sociales, no mantenerse como el clásico”.Se da hoy una innegable crisis de la democracia representativa, que –con el fin del llamado “capitalismo de bienestar”- pierde legitimidad de manera creciente. Pero el capitalismo también ve erosionada la legitimidad para mantenerse sin ciertas políticas de bienestar. En este contexto, concluye Jaime Pastor, se abre un ventanal de oportunidades para los movimientos sociales. Con un objetivo: sentar las bases de un nuevo paradigma de democracia radical.
Los partidos políticos son elementos centrales de la Constitución de 1978 (Artículo 6), recuerda Fernando Flores, profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de Valencia y miembro de la Plataforma Salvem el Cabanyal. “Desde el primer momento se le tiene miedo al movimiento social y, en consecuencia, se limita cualquier elemento real de participación ciudadana; al mismo tiempo, se consagra el bipartidismo, con las variantes nacionalistas en el País Vasco y Cataluña”. Por otro lado, se produce una simbiosis entre los intereses del capitalismo y los partidos, que además cada vez se alejan más de sus bases y militancia.
Antes, incluso, de que entrara en vigor la Constitución de 1978 se aprobó la Ley de Partidos Políticos, que no se modifica hasta 2002 “para declarar ilegales a algunos partidos vascos; es una ley inconstitucional, a mi juicio, por mucho que la haya avalado el alto tribunal”, opina Fernando Flores. Los grandes partidos, a lo largo de esos años, se alejan progresivamente de los intereses de los ciudadanos, caen en el ensimismamiento (se convierten en un fin en sí mismos) y se acomodan a los intereses económicos del sistema. Pero la crisis actual los arrastra, inmersos en una deriva que expresan bien personajes como González Pons: “seremos lo que sea, pero creamos empleo y hacemos carreteras”. O un caudillo derechista ecuatoriano: “Yo robo como todos, pero cumplo”.
Un punto de disrupción, según Fernando Flores, lo constituye el 15-M y la fuerza de su mensaje: “No nos representan”. Es ésta una consigna que arrastra a los partidos del poder, pero también a otros (minoritarios). “Lo que en el fondo se está pidiendo es una nueva forma de hacer política, más transparente y participativa”.
Marga Ferré es miembro de la ejecutiva de Izquierda Unida, de la Fundación de investigaciones Marxistas y de la Fundación Europa de los Ciudadanos. “Me niego a pensar que todos los partidos son lo mismo y a que los estudiemos como en una probeta, al margen de las clases sociales; los partidos no son sino herramientas a partir de las cuales los grupos de interés se organizan y defienden”, opina. Pero es cierto que los partidos están en crisis. También lo está la ideología que los configuró después de la segunda guerra mundial (conservadores y socialdemócratas). Ahora bien, apunta Marga Ferré, “hay un dogma neoliberal que me niego a aceptar: que la economía se ocupe únicamente de la generación de riqueza, mientras que la función de la política es la organización del poder”. Esta afirmación constituye una falacia dado que el poder está realmente en otro lugar y, además, la política y el poder no pueden separarse de las condiciones materiales de la gente.
Hay determinados dogmas que el canon neoliberal ha claveteado y grabado a fuego en la sociedad. En primer lugar, se ha “normalizado” la desigualdad y se la ha presentado como algo positivo. El correlato de esta idea es la eliminación de la función social del estado, que ha de limitarse a la defensa de la propiedad y los derechos individuales. Otro de los dogmas consiste en que la democracia se reduzca a mera forma, a resultados electorales, sin que se consideren los intereses de la mayoría de la población. Marga Ferré considera que la participación es importante, pero no suficiente. “El objetivo real es que se consigan los intereses de la mayoría”.
Lo que realmente está en crisis es el “pacto constitucional” de 1978. Que se pergeñó con una ley electoral injusta (basta comparar los votos que le cuesta al PP, PSOE o CIU obtener un diputado, y lo que le supone a IU); además, se favoreció el bipartidismo, que resulta funcional a la salida conservadora de la crisis. Prueba de ello es la reforma del Artículo 135 de la constitución (sellada por los dos grandes partidos), que en la práctica saldó el “pacto constitucional” de 1978.
Con la actual crisis económica, subraya Marga Ferré, se produce un cambio en la forma en que se organiza la movilización. A partir de 1978, se presionaba a los gobiernos con grandes movilizaciones en la calle (por ejemplo, para exigir la salida de la OTAN) o grandes huelgas generales, como la de 1988. Pero con la irrupción del 15-M, la gente se organiza de otra manera: grandes partidos y grandes sindicatos no ofrecen respuesta suficiente a los desafíos actuales. Se da una crisis del sistema de representación popular. La democracia formal no funciona. ¿Por qué razón? “Las decisiones no se toman en el Congreso de los Diputados”. Por ejemplo, cuando Zapatero se niega a enseñar en la Cámara Alta la carta que le remitió el presidente del BCE; o cuando Rajoy se reúne con Bill Gates para que adquiera acciones de las grandes compañías españolas. También, la nocturnidad con que se pactó la reforma del Artículo 135 de la Constitución.
Así las cosas, la izquierda en sentido amplio se enfrenta a un doble riesgo en la coyuntura actual. Por un lado, caer en el espontaneísmo de la movilización permanente; pero también existe el peligro de que los partidos clásicos de izquierda incurran en el ensimismamiento y en los dogmatismos, y ello les deje sin capacidad de respuesta a unas “reformas” que la derecha impone a gran velocidad.
Giussepe Ponzio, de Alternativa per València-CUP, afirma “ir más allá”. Tal como hoy está planteada, “la democracia representativa no sirve a la mayoría de la población; tampoco el sistema electoral (sea proporcional o mayoritario) ni el bipartidismo resultan útiles”. Subraya que los partidos han fracasado en el siglo XX, pues no han cumplido con su función. Además, no se trata de hablar exclusivamente de políticas estatales, comunidades autónomas y grandes ciudades. Debe reivindicarse el papel del municipio. También se ha fracturado el ligamen entre los partidos y la calle. Por ejemplo, “el PCI –el más fuerte de Europa occidental y nutrido por una gran base electoral- nunca se replanteó los métodos de acercarse a la gente”. Asimismo, “la política se ha cerrado y se ha hecho impermeable”.Se habla mucho de “desilusión”, del “no nos representan”, de “primarias” (en las que en muchas ocasiones vence el mejor rostro). Pero el centro de poder está fuera. ¿Y qué hacen los partidos? “Ninguno se pone las pilas para cambiar el asunto”. Sin embargo, “los movimientos sociales han dado en este país una lección de cómo hacer política”. En sentido Braudeliano (procesos y estructuras de tiempo largo), detalla Giussepe Ponzio: desde las movilizaciones contra el ingreso en la OTAN, contra la guerra de Iraq o con nuevas formas de praxis política como la PAH. ¿Qué está ocurriendo? “La gente vuelve al sentido primigenio de hacer política (en el sentido griego de ) y aspira a tomar las decisiones”. “La solución no puede venir de arriba abajo, ni de leyes nuevas ni cambios en los sistemas electorales o reglamentos de las cámaras”.Otro puntal del debate lo constituye la relación entre los partidos de izquierda y los movimientos sociales. En el caso de la izquierda, recuerda Jaime Pastor, los partidos (y los sindicatos) crecieron en el marco configurado por el capitalismo industrial y la extensión de la clase obrera. Este marco, que es asimismo el de la democracia de partidos, se encuentra hoy en abierta crisis. ¿Un nuevo sujeto político? “Yo no hablaría tanto de nuevos sujetos como de reconstruir la , pero en sentido amplio, no únicamente la clase trabajadora ocupada; y superar determinadas líneas de fractura: ocupados/no ocupados; de género, étnicas, etcétera, dentro de esa clase obrera”, señala Jaime Pastor. Tampoco limitarse a la fábrica, sino ampliar la mirada a los retos que presentan, por ejemplo, las empresas-red transnacionales.Los partidos de izquierda, en el actual contexto de crisis de régimen, han de convertirse en “herramientas al servicio de los movimientos sociales; no se trata de actuar como meros representantes”, subraya Pastor. Más allá, la función de los partidos de izquierda (que ya no deberían ser el centro sino un instrumento) tendría que ser ofrecer su “programa fuerte” a las líneas de fractura citadas: de clase, nacional, social, ecológica y de género. Estos partidos, además, tendrían que configurarse a partir de la horizontalidad, la revocabilidad de cargos y reducir la financiación de los bancos. Y destacar el cumplimiento del programa.
En el actual marco de crisis de régimen, existe una multiplicidad de actores que trabaja para el cambio social: Plataformas de Afectados por las Hipotecas, 15-M, sindicatos alternativos, movimientos vecinales, cooperativas y, toda la malgama, se debe ir articulando, también con los partidos, para intentar que fragüe una cultura plurinacional-popular en el estado español. Que dé lugar a una apertura de procesos constituyentes de ruptura (en los diferentes marcos nacionales). El camino es largo.
En cuanto a la interacción partido-movimientos, se requiere –a juicio de Fernando Flores- un cambio sustancial, pero esto no es posible si, a su vez, no se da un viraje en la estructura y funcionamiento de los partidos. Pero también distingue entre los movimientos sociales de los años 80, de larga tradición, y los de nuevo cuño. Ahora bien, es la influencia y la presión de los movimientos sociales la que puede forzar a los partidos a un cambio. “Hace falta una nueva manera de relacionarse, en la que los movimientos respeten a los partidos y éstos no traten de sacar provecho de las organizaciones sociales”. ¿Exigir jurídicamente a los partidos el cumplimiento de su programa? Fernando Flores se manifiesta escéptico. Pero “lo que sí puede hacerse es pedir que sean programas claros y pedir que se cumplan”.
Pero hay otro problema añadido. “No le vamos a exigir al PP que haga efectivo su programa”, afirma Marga Ferré. Otra materia de discusión es que se considere, en términos muy maniqueos y de manera casi sistemática, “malos” a los partidos políticos y “buenos” a los movimientos sociales. Entre otras cosas, “porque a los grupos que se manifiestan en contra del aborto también podemos considerarlos movimientos sociales”, apunta Marga Ferré. Lo importante, agrega, es “democratizar los partidos pero también las instituciones (del estado, partidos, gobiernos autonómicos, ayuntamientos), y también las empresas”. Para ello hacen falta cambios, también, en la ley electoral.
Alerta además sobre algunos riesgos de considerar “buena” la participación sin matices: en Francia, las encuestas han señalado como favorito cara a las próximas elecciones europeas al ultraderechista Frente Nacional; en Suiza, y mediante referendo, la población ha votado mayoritariamente reinstaurar las cuotas a la inmigración. En España, el bipartidismo supera el 50% en intención de voto. También advierte Marga Ferré de encontrar contradicciones en el binomio partidos de izquerda-movimientos sociales. “No es verdad. Muchas veces están formados por las mismas personas”.
Giuissepe Pozio introduce otra arista en el debate. De nuevo con la idea de participación en el trasfondo. “Muchas veces se habla de América Latina, pero lo que olvidamos –instalados en el eurocentrismo- son las asambleas y sobre todo su capacidad decisoria, como ocurre con el zapatismo. Aquí es algo que no nos planteamos. Lo principal es que la gente haga política, que se apropie de su vida”. ¿Los programas electorales? “se han de hacer desde abajo, y además promover la revocabilidad de cargos (como en la Comuna de París)”. En Italia, destaca, la lucha más fuerte que últimamente se ha planteado es contra la implantación del Tren de Alta Velocidad en el valle del Susa (cerca de Turín). El Partido Democrático que, a escala estatal se mostraba favorable a la alta velocidad, no se posicionaba del mismo modo en las regiones y municipios, al estar en contacto con la gente y las asambleas. “En las asambleas se colectiviza la inteligencia, se comparte entre viejos, adultos y niños”. “Y se evita la profesionalización de la política”, concluye.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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