dissabte, 17 de novembre de 2012

Quiénes son los patriotas


Los movimientos de protesta social son
 los auténticamente patriotas








Artículo publicado por Vicenç Navarro
en la columna “Dominio Público” 
en el diario PÚBLICO
15 de noviembre de 2012








Este artículo analiza el concepto de patriotismo, ampliamente utilizado estos días por las fuerzas conservadoras tanto en España como en Catalunya, para movilizar a la ciudadanía a favor de sus propuestas. El artículo define epistemológicamente el significado de patriotismo, mostrando que el criterio por el cual puede consensuarse el significado de este concepto queda claramente violado por las políticas públicas que tales fuerzas políticas están hoy imponiendo a la población española, incluyendo la catalana.

Mark Twain, uno de los autores más críticos de la sabiduría convencional que ha tenido EEUU, escribió frecuentemente que el concepto de patriotismo, en cualquier país, es uno de los más utilizados para esconder intereses de grupos sociales que quieren mantener, por todos los medios, sus privilegios utilizando el sentimiento patriótico como mecanismo de movilización popular, identificando sus intereses particulares con los intereses de lo que llaman patria. Antonio Gramsci, en Italia, uno de los analistas más importantes que han existido en Europa de cómo el poder se reproduce en las sociedades, subrayó con gran agudeza la función ocultadora de los símbolos de la patria para defender los intereses de las clases dirigentes.

España (y Catalunya dentro de ella) es un ejemplo claro de lo que Mark Twain y Antonio Gramsci indicaron. Las derechas han sido siempre las que se han presentado como las grandes defensoras de la patria, defensa que requiere los máximos sacrificios de los que están a su servicio. Uno de los eslóganes de la Guardia Civil (el cuerpo de policía armado que históricamente ha tenido la función de mantener el orden público y reprimir cualquier agitación social que cuestionara las relaciones de poder existentes en España) era “Todo por la patria”, lo que podía significar incluso la pérdida de  la vida de los guardias civiles aunque también, mucho más frecuentemente, la de los represaliados. La Monarquía, el Ejército y la Iglesia han sido siempre las estructuras institucionales que han defendido el poder de los grupos dominantes en las esferas financieras y económicas (y, por lo tanto, políticas y mediáticas) del país, utilizando el amor y el compromiso con la patria como mecanismo de movilización popular en defensa de sus intereses. Las pruebas históricas que avalan esta utilización de la patria para dichos fines particulares son robustas y abrumadoras.

Tales instituciones de derechas son pues las que se consideran a sí mismas como las defensoras de la patria. Hace sólo unos días, el diario monárquico profundamente conservador ABC ponía en portada a la Duquesa de Alba como la gran defensora de la patria española acusando a los catalanes de ser poco patriotas (11 Nov. 2012). Tal personaje es una de las terratenientes más importantes de España y está entre los que reciben mayores subsidios del estado español y de la Unión Europea, a cargo del erario público. Su linaje familiar, por cierto, ha jugado un papel clave, junto con otros terratenientes, en reproducir una situación en el campo andaluz responsable, en gran parte, de la pobreza de las poblaciones rurales de aquella parte de la patria española.

Pero la credibilidad de tal tesis (de que las derechas son las que sostienen el patriotismo) depende, en gran medida, de lo que se entienda por patriotismo, el cual, como la mayoría de sentimientos, no es fácil de definir. Después de todo, ¿qué quiere decir amor a la patria?

¿Qué es patriotismo?
Pero, independientemente de las muchas maneras mediante las que tal concepto y sentimientos puedan definirse, sí que debería haber un componente que coincidiera en todas las definiciones posibles. Y éste es que el amor a la patria debería incluir amor a la ciudadanía de la entidad así definida. No se puede amar a España (o a Catalunya) sin estar dedicado al bienestar de la población que constituye tal país (España y/o Catalunya). Y, puesto que la mayoría de la población pertenece a las clases populares, un indicador de patriotismo debería incluir como elemento definitorio el compromiso y dedicación a la mejora del bienestar de las clases populares. No se puede amar a España (y a Catalunya) sin este compromiso, pues de lo contrario se tiene una visión excesivamente esencialista, casi mística, de lo que es la patria, una concepción poco coherente con la vida real de las personas. En realidad, si la definición de patriotismo no incluye un compromiso por mejorar la vida y bienestar de la mayoría de la población, entonces hay que sospechar que el concepto de patriotismo está siendo utilizado, confundiendo los intereses de la patria con los de un sector minoritario de la población.

Parecería, pues, razonable aceptar, incluso por las derechas, que un elemento común de tal patriotismo fuera la dedicación de las fuerzas patrióticas al bienestar del pueblo, que en términos cuantitativos, serían las clases populares, clases populares que en cualquier país incluyen las clases trabajadores y las clases medias de renta media y baja.

¿Son patriotas las fuerzas que se autodefinen como tales?
Pues bien, tal dedicación puede evaluarse incluso numéricamente. Como decía Mark Twain, el amor no puede cuantificarse, pero sus consecuencias sí. Veamos, pues, los datos. En aquellos países de Europa donde las derechas (que se autodefinen como las fuerzas patrióticas) han tenido más poder históricamente, tales como el Sur de Europa (España, Grecia y Portugal), el nivel de desarrollo económico, social y político ha sido el más bajo de la Unión Europea. Los datos son abrumadores. Tanto el PIB per cápita como el gasto público social per cápita, o el número de recursos públicos (desde transferencias públicas, como pensiones, hasta servicios públicos, como sanidad y educación, que contribuyen enormemente al bienestar y calidad de vida de las clases populares) han sido, y continúan siendo, los más bajos de la UE-15. Es también en estos países donde los ingresos al Estado son los más bajos, donde la política fiscal es más regresiva y menos redistributiva, donde hay más fraude fiscal y donde hay mayores desigualdades y concentración de la riqueza.

Estos datos permiten, entonces, hacerse la pregunta ¿dónde está el amor a España de los súper patriotas españoles? Su compromiso con el bienestar de la población parece estar muy sesgado hacia ciertos grupos y clases sociales, a costa de los intereses de la mayoría de sus poblaciones. La evidencia de ello es abrumadora. Así como es también abrumadora la evidencia de que este sesgo clasista del patriotismo aparece en varios momentos de la historia de este país. En todos ellos, cuando el gobierno elegido por la ciudadanía a través de procesos democráticos llevó a cabo políticas públicas que beneficiaron a las clases populares, reduciendo los privilegios de los grupos y clases sociales antes mencionados, las derechas superpatriotas se rebelaron militarmente para interrumpir tales políticas. En España, los superpatriotas –la Iglesia, el Ejército, la Monarquía, la banca y la oligarquía empresarial- establecieron un régimen enormemente represivo (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000, según el Catedrático Malefakis, de la Columbia University, experto en el fascismo europeo) que dañó enormemente a la mayoría del pueblo español. Cuando el golpe militar de 1936 ocurrió, el nivel de desarrollo económico español era casi idéntico al italiano. Su PIB per cápita era semejante al PIB per cápita italiano. Cuando la dictadura terminó, en 1978, España tenía un nivel de riqueza que era sólo el 68% de la italiana. Este fue el coste que aquel supuesto patriotismo significó para el pueblo español. El golpe militar se realizó no para salvar la patria sino para que la Iglesia pudiera continuar controlando la educación de los españoles y también la tierra que poseía (la Iglesia era el terrateniente con mayor extensión de tierra en España. Hoy es el segundo); para que la Monarquía continuara siendo el sistema político que garantizara el dominio por parte de las derechas de los aparatos del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas, la Judicatura y las Fuerzas del Orden; para que el Ejército tuviera sus privilegios, garantes de la unidad de la Patria (convirtiendo al Ejército en instrumento de represión interna); para que la banca y la oligarquía empresarial pudieran mantener sus escandalosos privilegios (que todavía se mantienen hoy, como queda claro con la excesiva protección de la banca frente a los desahuciados); y así un largo etcétera.

La oposición popular a tales medidas regresivas del sistema establecido por los supuestos patriotas explica la enorme represión que caracterizó aquel periodo de dominio del estado por las derechas supuestamente patrióticas. Su carácter nacional, por cierto, quedó negado por el hecho de que su victoria se debiera primordialmente a la ayuda que les prestó la Alemania nazi y el fascismo italiano. Sin esta ayuda extranjera, el golpe militar no podría haber conseguido parar la oposición a tal golpe.

¿Dónde estaba y dónde está ahora el amor a España de los supuestamente patriotas?
Esto podría también preguntarse hoy al gobierno de derechas español, que está llevando a cabo el ataque (y no hay otra manera de definirlo) más feroz al bienestar de las clases populares. Hoy se están haciendo reformas que afectan muy, pero que muy negativamente al bienestar de la población, y muy en particular de las clases populares. La evidencia de ello es contundente. Nunca antes en el periodo democrático, el ya insuficientemente financiado Estado del Bienestar español ha estado bajo un ataque tan frontal. Y este ataque se está haciendo para el beneficio de los mismos intereses económicos de siempre: el capital financiero español y el mundo empresarial de las grandes corporaciones, a costa del bienestar de todos los demás. De nuevo, la evidencia de ello es robusta y convincente.

Y todo ello se hace justificándose con la necesidad de aplicar tales políticas de austeridad que son –según el establishment español- las únicas posibles, lo cual es fácil de demostrar que no es cierto. Podrían aplicarse otras que no afectarían a los intereses de las clases populares, afectando, en cambio, a los intereses de los grupos que, de nuevo, se presentan como superpatriotas, defensores  de España. Esta desfachatez (y no hay otra manera de definirlo) se hace violando la soberanía de la Patria que dicen amar tanto, obedeciendo  dócilmente al gobierno alemán, como lo hicieron también en los años treinta. Es la repetición de la historia. Ahora, como entonces, los superpatriotas utilizaron la bandera para defender sus intereses de clase. Así de claro. Y haciéndolo así están traicionando, una vez más, al pueblo español.

Hoy, en España, los movimientos de protesta social que salieron a la calle ayer, en la Huelga General, en defensa de los derechos de las clases populares y de la soberanía de España son los auténticamente patriotas, entendiendo como tales a los que defienden a la mayoría de la ciudadanía frente a una minoría que defiende sus propios intereses y los de sus aliados internacionales, incluyendo las elites financieras que dominan el gobierno alemán.

(Nota del autor)

Una última observación. Le ruego al lector que haya considerado de interés este artículo, que lo distribuya ampliamente, pues los medios de mayor difusión no publican jamás este tipo de artículos. La dictadura mediática exige una respuesta movilizadora que permita presentar otros puntos de vista distintos y críticos de la sabiduría convencional del país que se reproduce a través de tales medios.





divendres, 16 de novembre de 2012

Sueños






             Cuaderno de otoño

             Sueños, de Marcos González Sedano







            Al principio solo fuimos un sueño. Después llegó la palabra. Y el verbo y el alma hechos uno dieron paso al deseo. Sin él no seríamos nada. O apenas nada. Si acaso máquinas de carne y hueso, en uso o en desuso.

Soñé que éramos libres...
            La flor del dinero que me regaló mi madre (que la tierra le sea leve) ha florecido. Siempre lo hace en otoño. Y sobre las verdes hojas se yerguen ramilletes de flores blancas que, a través de la ventana, me miran, me susurran, me acarician la mirada.

             En esta historia en construcción ladrillo a ladrillo, verso a verso, los de siempre, hermanos y amigos andaluces, los de abajo, los pueblos más humildes riegan con sus lágrimas el papel donde se escribe. Por eso es tan importante, en este momento en que levantamos el muro para parar a los mercaderes, soñar cómo será nuestra tierra mañana.

            Mi madre siempre le daba a la cal un toque de añil para que en el blanco de la fachada resaltaran el verde y el rojo de los geranios.

           Los usureros, los diteros del mercado se apropiaron de nuestras ilusiones. Vaciaron nuestros deseos de sueños creadores y a cambio nos implantaron un pensamiento único, un mercadeo universal donde el matiz, la riqueza de almas, las formas de hacer, vivir y morir se diluían en las estanterías de una gran superficie comercial.

          Las migas mi padre las hacía de harina de sémola de trigo duro. Con aceite de oliva, ajos, sal y agua. Las acompañaba, dependiendo del bolsillo, de pescado, naranjas cortadas o melón. Vino, siempre hubo vino sobre la mesa. En el lugar donde nací nunca faltó.


      Nosotros, los andaluces, somos hombres y mujeres de luz. Somos alondras del Gran Río enjauladas, que con nuestro canto le mostramos al universo el grueso de nuestros barrotes.


         Cuando recuperé los sueños soñé que las calles, pueblos, veredas, montañas, ríos, ciudades, mares, lagos, desiertos, nieves, plantas y animales de esta tierra compartían un mismo destino, y que en la nada yacían ya las cadenas, el amo y el señor.


             Soñé que éramos libres y que esa libertad de cuerpos y almas podíamos compartirla con el resto de la humanidad.








                                                                  Marcos González Sedano

                                                                  Andalucía, otoño de 2012     



dimecres, 14 de novembre de 2012

532 desahucios al día, 3 millones de pisos vacíos





Durante el primer semestre de 2012 los juzgados españoles han ejecutado 94.502 expedientes de desahucio, una media superior a los 530 diarios. Mientras tanto, entre tres y seis millones de viviendas, según las fuentes, permanecen vacías, buena parte de ellas en poder de los bancos.

La dación en pago es un clamor popular, una demanda que ya nadie cuestiona. El 31 de octubre finaliza el plazo para entregar las 500.000 firmas necesarias para elevar al Congreso una propuesta de modificación de la actual legislación mediante una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) por la dación en pago, el alquiler social y la paralización de los desahucios. El 31 de octubre quedará clara la evidencia: que no podemos seguir permitiendo una injusticia como la que miles de familias viven día a día.

El sábado 6 (Estado español) y el domingo 7 de octubre (Madrid) las plataformas colaboradoras con la ILP de Dación en Pago, Alquiler Social y Paralización de Desahucios desplegarán cientos de mesas de recogida de firmas por todo el territorio. Aún no se han alcanzado las 500.000 necesarias a nivel nacional, de ahí la importancia de que este día todxs colaboremos para alcanzar esa meta. También se puede firmar on line si dispones de DNI electrónico.

El vídeo que el gobierno no quiere que veas

dimarts, 13 de novembre de 2012

La ciudad







                  Cuaderno de otoño.


                 La ciudad de Marcos González Sedano







...en estas noches d'insomnios soñar es subversivo.




Hoy he entrado, herido, en la ciudad. Aún no cobran por ello.


En esta batalla de lo público y lo común, van ganando los otros. Les acompañan Judas Iscariote y Marco Junio Bruto.

Vaciaron las plazas y las llenaron de veladores. Y declararon proscritos a sus antiguos moradores. Pasamos a ser inquilinos en nuestra propia casa. La ciudad, convertida en parque temático, nos necesita, somos parte del espectáculo. Son difíciles de trabajar los versos en estas calles sin empuñar la espada, sin ajusticiar a los de arriba, sin maldecir a los visitantes, desgraciados seres como nosotros en esta hora de la historia. Y pensar que en esta tierra al viajero se le descalzaba de las sandalias, se le lavaban los pies y se le ofrecían el pan y la sal.


Malditos mercaderes, que en esta batalla contra ustedes mi amigo Paco, el Sócrates de la Encarnación, mientras despieza jamones tiene que combatiros, y en su derrota ganáis ustedes y pierde el Mercado, el de toda la vida. Pero él, que es devoto de Ceres, verá la puerta abrirse y Arión, hermano Paco, maestro, pregonará junto a ti bajo las Setas (que los dioses se dignen oír esta plegaria de un ateo).

Transmutadas, las calles y barreduelas van dejando espacios para los vencedores, los avaros que atesoran tiempo y riqueza, que queman de nuevo los libros y destruyen las alhódigas que sobre la arena, los adoquines y el asfalto de Spal, Híspalis, Isbilya, Sevilla, se escribieron, se levantaron.


Apenas han bastado unas décadas, tal vez mi tiempo de exilio en esta jaula de oro, para que los arqueólogos tenga material suficiente y escribir durante siglos cómo mataron a la ciudad de los viajeros, de los ciudadanos, y la llenaron de clientes, de público. La función es continua: pasen y vean.


Y tú, que en ese instante me ves triste, mirando como llega la noche, contemplando a los mirlos en el ficus, vas y me dices que sueños es tu palabra favorita. Y yo, antes de que termine la última a de acariciar tus labios camino del precipicio hacia el vacío, la recojo entre la yema de mis dedos y la encarcelo en mi boca, porque, mi querida amada, en estas noches de insomnios soñar es subversivo.



                                                                                           Marcos González Sedano

                                                                                          Andalucía, Otoño de 2012

diumenge, 11 de novembre de 2012

Un crimen social







  Revista Pueblos




Una pareja de parados sin muchas expectativas ni anhelos 
Una pareja de parados sin muchas expectativas ni anhelos. Dos números de la estadística del último dato del Inem: 99.129. El feto se ha rebelado y ha explotado salpicando su muerte a los responsables de su corta existencia. Esos mismos que ahora vienen clamando por los derechos del nasciturus, concebido dice Gallardón que no emplea el latinajo porque se le ve la sotana sacristana y hay que guardar las maneras, pese a la creación de este Estado religioso al que nos conduce el PP, donde impera la ultra moral católica que va imponiéndose a la sociedad civil.La inminente reforma de la Ley del aborto, nos retrocede de nuevo a la clandestinidad. A los tres supuestos, pero menos. Sostiene el ministro que “un embarazo no deseado no tiene que ser malo para la madre” y que 22 semanas es mucho, caso de que se presente un caso de malformación congénita. Se apelan a Convenciones Internacionales, Derechos Humanos y asociaciones de disminuidos para defender el Derecho a la vida, al tiempo que se niega la más importante de las Garantías: el de una vida DIGNA.
Lourdes deseaba tener su bebé. Había comenzado una nueva relación y quiso anudarla con esa vida en común que nace de la voluntad, del derecho a decidir libremente. Su aborto ahora grita contra este sistema hipócrita que dice defender la vida, al tiempo que ampara una existencia mísera, llena de calamidades y tristezas. Una condena impuesta a los desgraciados que no cumplen con la ley y dejan de pagar. La hemorragia de esta madre, empaña un horizonte que la riqueza niega a tantos como sobran en el nuevo orden del lucro internacional. Desangra su caso el autismo social, la indiferencia solitaria, la soledad ante la pantalla, la inmersión en el alcohol, la desesperación del salto al vacío.
El aborto de Lourdes representa el fracaso común de una vida truncada por la violencia que ejerce un banco, que legitima el político, que ejecuta un juez, que rubrica un secretario, que protege el policía y cierra el cerrajero. Difícil será que el padre pueda demostrar que ese aborto es en realidad un homicidio social y que muchos son los que habrían de sentarse en el banquillo y responder por el crimen. Aunque tú y yo sabemos que son ellos los culpables de esa muerte prematura, de ese tajo a la esperanza. Un revés cruel que hunde aún más a esta familia en la amargura de su infortunio.
Tras leer las declaraciones de Gallardón, una náusea profunda inunda mi interior en el recuerdo amargo de las manos de Lourdes acariciando su incipiente tripa, calmando a su criatura inquieta y temerosa ante el presumible regreso de la autoridad que los pateará a la exclusión. Luego, pienso, aparecerán los ideólogos del ministro y celebrarán una comida solidaria para recaudar unos donativos para estos desgraciados, conciliando el sueño de la acción benefactora.
Minutos antes de subir este post, hoy viernes una mujer salta al vacío en Barakaldo cuando iba a ser desahuciada.


Fuente: http://www.revistapueblos.org/?p=11792



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