divendres, 4 de gener de 2013

Papeles de Invierno. 2 de Enero











                                          2 de Enero de Marcos Gonzáles  Sedano







Cuando quiero ir adelante, el camino me invita mirar atrás, me regala veredas entre sabanas blancas de hilo egipcio, cabellos de amantes donde ensortijar las gélidas tardes de enero y, desde un balcón que da al Darro, me ofrece la ciudad. La de la luz tenue, entre ríos, travestida de castellanos viejos macilentos de almas horadadas, escondida al mundo entre las celosías de las montañas.


TRATADO (de paz) DE GRANADA 1492. EN EL NOMBRE DE DIOS TODO PODEROSO Padre, fijo e Spiritu Santo que son tres personas vna esençia diuina (...) Nos Ferrnando e doña Ysabel por la graçia de Dios Rey e reyna de Castilla (...) Vimos vna escriptura de asyento e capitulacion (...) con el alcayde Abulcaçin El Muleh en nombre del Rey Muley Baudili y por virtud de su poder en las cosas tocantes al dicho Rey y a la çiubdad de Granada fecha en esta guisa.


Tu cuerpo llegó con la madrugada, abierto a un firmamento de fecundidad, mientras el almuédano desde el alminar de Al-Murabitín envolvía en versos de luto la oscuridad de aquella madrugada. Mis hermanos en todas las confesiones, borrachos en las tabernas, cerraron las puertas al día. No hubo pan aquella jornada, ni artesanos, y la vega solitaria se sintió abandonada, asustada por los ladridos de los perros.


YTEN es asentado e acordado que sus altezas e sus deçendientes para siempre jamas dexaran biuir al dicho Rey Muley Baaudili e a los dichos alcaydes e (...) estar en su ley e non le mandaran quitar sus algimas e çumaas e alumedanos (sic) para que llamen asus açalaes y dexaran y mandaran dexar a dichas algimas sus propios e rentas como agora los tienen e que sean judgados por su ley xaraçuna con concejo de sus alcadis segut costunbre...


Invítame, amada, a beber de tus labios el dulce néctar del olvido. Regálame el beso del adiós, entrégales a los alarifes estas monedas de oro, que con ladrillos de alpañata tapien este aposento. Ya tienen mi perdón. Sé piadosa conmigo, prometo volver cuando las moreras hoy cortadas regresen a florecer en las laderas de la Sierra.


YTEN es asentado e acordado que las rentas de dichas alginas e cofradias (sic) e otras cosas dadas para limosnas e las rentas de las escuelas de abezar mochachos queden a la gouernaçion de los alfaquies...


Sentado sobre la fría piedra de Medina Elvira, en esta Plaza de Bib-Rambla, absorto, escucho el crujir de los libros de la universidad de Yusuf II que fenecieron en el fuego y veo las pavesas de los manuscritos que aun flotan en el aire.


YTEN es asentado e acordado que a ningun moro nin mora non fagan fuerça a que torne christiano nin christiana.


YTEN es asentado e acordado que los judios (...) gosen de este mismo asyento e capitulaçiones...


YTEN es asentado e acordado que sus altezas manden que les sean guardadas sus açequias...


Habéis cercenado las fuentes, humillado sus aguas, envenenado la tierra, derribado las sinagogas y mezquitas, destruido los telares, perseguido a los eruditos y a sus cultas hijas, hasta apenas dejar latir el corazón de este pueblo.

NOS el Rey e la Reyna de Castilla, de Leon, de Aragon, de Seçilia, ecetera. Por la presente seguramos e prometemos por nuestra fe e palabra real de tener e guardar e cunplir todo lo contenido en esta capitulacion...


A más de quinientos años después seguís celebrando el genocidio, como si fuera hoy, ondeando el pendón testigo del incumplimiento de vuestra palabra firmada, rubricada y sellada en un acuerdo de paz y dando fe de ello Fernando de Çafra, vuestro secretario. Tal vez necesitéis recordarnos, por vuestra ignorancia y la debilidad de los cimientos que os sostienen, que esta tierra por debajo del Despeñaperros es tierra conquistada, porque esa es la actitud con nosotros de los gobernantes de España y sus virreyes en Andalucía. A la vista siguen los hechos.


Ya regreso, dulce amada (jamás me fui). Aún está templado el vino en este Cuenco de los Ciervos cocido en los hornos de los Millares, aún humea el incienso sobre la cera de la Alpujarra que adorna el Candelabro de Lebrijasalvado del expolio. Yo también falto a mi palabra y vuelvo entre estos papeles de invierno sin que hayan florecido los árboles en las laderas de la Sierra.





En Andalucía, invierno de 2013. 


Marcos González Sedano

dijous, 3 de gener de 2013





El pasado (republicano) que vuelve, el futuro posible




El republicanismo, en España, vuelve a escena. Desaparecido en tiempos de la Transición ha renacido con energía. Se debate a propósito de él, y con cierta intensidad, tanto en los ambientes académicos como en la arena pública. No es, a pesar de que recurran usualmente a esas descalificaciones los analistas cortesanos, ni una simple monomanía juvenil ni antimonarquismo primario. No es, en definitiva, una moda pasajera.

Sirve, sin ir más lejos, para entender algo mejor las recientes modalidades de acción colectiva, las formas y los contenidos de los novísimos movimientos sociales que ocupan las calles y las plazas, que se reúnen en asamblea. En muchos de estos casos la perspectiva republicana orienta las movilizaciones. Es éste último dato el resultado de su capacidad, la del republicanismo, de convertirse, una vez más, en un horizonte de expectativa para aquellas gentes que, a contracorriente de las lógicas de dominación, apuestan por la centralidad de un debate colectivo, ajustado a unas normas claras, orientado hacia la búsqueda del bien común y afirman, como corolario de lo anterior, la preeminencia de la política democrática y participativa sobre las lógicas inevitables del capitalismo financiarizado.

Desde finales de los años treinta del siglo XIX hasta 1939 operó como un repertorio de materiales, complejos, plurales e incluso contradictorios, con los que amplios segmentos de las clases medias y de los sectores sociales subalternos construían, ordenaban y dotaban de sentido y de horizontes de expectativa a sus acciones colectivas cuando no, más modestamente, a sus circunstancias cotidianas: desde las experiencias laborales a las de vecindario, de relación social, de articulación familiar. A grandes rasgos, y si omitimos aquellos referentes ilustrados previos que implicaron una lectura aristocratizante del legado conceptual de la Antigüedad clásica greco-romana y de la experiencia de las repúblicas italianas, el republicanismo se ajusta en los combates políticos contra las lógicas de exclusión que implementa el liberalismo doctrinario. Frente al concepto de sufragio como función social, para el que, en consecuencia, había que estar preparado —cualificación académica, avecindamiento, posesiones, sentido de moderación—, el republicanismo, todo él hasta 1874, contempla el voto como un derecho inalienable mediante el cual la población adulta, y masculina hasta 1932, participa en la elección de representantes parlamentarios y en la expresión del criterio soberano del pueblo y la nación de ciudadanos. 

El republicanismo cuaja, también, en los procesos de contestación a los efectos sociales distorsionadores inherentes al tránsito a la economía capitalista sostenida sobre el concepto burgués de propiedad. En la ciudad, entre los artesanos y trabajadores cualificados sometidos a procesos de depreciación de sus saberes, o en el campo, entre los jornaleros, arrendatarios y pequeños propietarios afectados por los procesos desamortizadores, el horizonte republicano, particularmente en su variante federal, acompaña y dota de un sentido político adicional a las resistencias, a las rebeliones, a las revueltas. Gritar, en medio de un motín contra la fiscalidad que gravaba el consumo popular o contra una leva compulsiva, ¡Viva la República! era una apuesta segura para concitar la hostilidad de las fuerzas del orden y la complicidad sobreentendida de los partícipes en la agitación. Es la caligrafía y la gramática de las clases populares en un sentido lato.

Repitamos el salto en el tiempo con el que comenzaban estas líneas: todo ello, si atendemos por ejemplo a los debates del proceso constituyente en 1977 y 1978, habría (casi) desaparecido. Del por qué del eclipse republicano en la España en esos años 1970 hay, a estas alturas, explicaciones satisfactorias. Lo son aquellas que tienen en cuenta, como mínimo, tres factores. El primero, la fosilización del republicanismo histórico en el exilio. Una atrofia provocada por la desconexión con las luchas políticas y sociales en el interior y agravada por el uso y abuso de un anticomunismo frenético en los ambientes de estricta obediencia republicana durante los años 1950 y 1960. A ello se añadió no ya la represión de la primera posguerra sino una sistemática labor denigratoria del franquismo en relación a la Segunda República y a las raíces culturales —de cuyo calado daba cuenta la secuencia explicativa que unía República y Guerra Civil— de la misma. Y last, but not least, un oscurecimiento al que no fueron ajenos, de ninguna de las maneras, unas fuerzas de izquierda, el PSOE y el PCE, que se desprendieron con una agilidad digna de mejor causa de la reivindicación republicana, tanto en términos de propuesta institucional como de complejo de ideas emancipadoras que le eran inherentes, durante el proceso de negociación política con los sectores reformistas procedentes del régimen franquista.

En rigor, si ese desprenderse tuvo tan pocos costes para aquellos que lo llevaron a cabo (otra cosa sería para el contenido real de la democracia surgida de la transición) fue porque se había producido, previamente, la inhabilitación de un mecanismo básico en toda cultura emancipadora: el de una transmisión intergeneracional que había asegurado, durante un siglo, desde los años cuarenta del siglo XIX a la derrota de 1939, la continuidad de un conjunto de materiales con los que pensar las experiencias de exclusión política y de dominación social, así como las respuestas que podían y debían darse a las mismas.

En el ámbito académico, seguramente, las cosas fueron algo distintas. Hubo momentos difíciles. Aquellos en los que en la universidad no cabía la posibilidad de pensar una tesis doctoral sobre republicanismo dado que no estaba el ambiente, según el recuerdo de José María Jover, para “bollos federales”. Pero lo seguro es que en la década de 1970 y de 1980 se producía un primer momento de reactivación de estudios sobre el republicanismo. Éste, se asumía, era una cultura política determinante para poder entender la contemporaneidad española. No es menos cierto que en los dos decenios interseculares ha tenido lugar una auténtica eclosión de estudios que, a su vez, ha originado, entre otros, un debate específico, profundo, sobre las raíces liberales y la deriva conservadora de cierto republicanismo o la consideración del mismo rótulo como identificador de un proyecto democrático popular que reclamó, desde los tiempos de la revolución industrial, un lugar determinante del mundo del trabajo en el diseño de las políticas generales. Espacio de encuentro entre la intelectualidad que emergía en tiempos de la revolución burguesa, al tiempo que heredera del empeño ilustrado, y los trabajadores rebeldes e insumisos, la república obrera (acertadísima fórmula debida a Román Miguel González) jugó un papel determinante en el despliegue de los combates por la emancipación política y social, cultural y económica.

A la altura del año 2000, esos mismos académicos que se preocupaban por la historia republicana aseveraban que el republicanismo, en tanto que movimiento social, cultura política e incluso como estilo de vida se hallaba recluido en el reino de la melancolía. Un año más tarde, en 2001, las evocaciones del setenta aniversario de la proclamación del 14 de abril confirmaban ese diagnóstico. Unos pocos artículos en los periódicos de tirada nacional, algún acto aislado, fue todo lo que salió a la luz. Todavía más: la democracia parecía firme y limpia en monarquía. A lo sumo se insinuaba que no estaría de más incorporar el ethos y la moral republicana a la vida cotidiana de esa democracia coronada.

Las circunstancias iban a cambiar pronto. La relación de factores que propongo como elementos explicativos del reverdecimiento que tenía lugar un lustro más tarde, en 2006 —ahora era el 75 aniversario de la república y el 70 del inicio de la guerra y la revolución—, y que es perfectamente verificable acudiendo a las mismas fuentes (reflexiones en el espacio público), son fáciles de reconocer. La labor callada pero perseverante de las asociaciones memorialistas; el hacer del Centro de Investigación y Estudios Republicanos, a finales de los años ochenta, o de las cátedras de la memoria del siglo XX; el relevo generacional registrado en las direcciones de los partidos de la izquierda; la pérdida de consistencia de los horizontes de emancipación —socialdemócratas o comunistas a la soviética—; la acción institucional y legislativa —y no es esa una paradoja menor— de los gobiernos y de las mayorías plurales de izquierda —me refiero a las tan denostadas, de Rodríguez Zapatero o del tripartit catalán— en lo relativo a la (re)conexión entre la democracia actual y los combates seculares plasmados en los logros de la Segunda República, e incluso de la Primera… Todo ello se halla detrás, en proporciones diversas, del renacer republicano específicamente español. Habrá otras dimensiones —de las que da cuenta el reverdecer del republicanismo en el terreno de la filosofía política— pero en términos de experiencia histórica española los enumerados en las líneas anteriores me parecen determinantes. 

El vivir republicano volvió —vuelve— a contemplarse, por todo ello, como una posibilidad liberadora. Aunque no sean necesariamente conscientes de ello quienes lo reverdecen, a poco que se reflexione reaparecen algunos de los componentes del concepto de república que quedó fijado en otros momentos históricos, los de las sociedades liberales. Para sus enemigos sigue siendo sinónimo de caos y anarquía, cuando no, entre los elementos más reaccionarios, de impiedad y extranjerismo. Para sus partisanos vuelve a ser un marco de construcción alternativa del Estado-nación o de lo que pueda venir a sustituirlo, desde abajo, desde la periferia; incluso, en ciertos casos, con soberanías múltiples. La república es la posibilidad de un proceso constituyente siempre municipalista. Sigue siendo un proyecto, el republicano, que aspira no ya a dar respuesta a las inquietudes del actual cuarto estado —en dramático proceso de ampliación como resultado de la crisis/estafa— sino a que sea éste quien protagonice, junto a otros, el proceso de toma de decisiones de la política general. Es respetuosa, por ello mismo, con lo que E. P. Thompson, entre otros, definió como economía moral de la multitud. Para un republicano plebeyo del siglo XIX resultaba obscena la desconsideración para con el trabajo y deshonesta la extrema distancia de las fortunas. Para el de hoy vuelve a ser una manera razonable de enfocar las circunstancias.

El republicanismo tiene, como relato emancipador, una gran ventaja: es una cultura que resiste con eficacia a los fracasos institucionales. Al fin y al cabo, el grueso de la militancia se mueve entre la lógica del advenimiento y la del proceso.
¿Ante qué nos encontramos, pues? En primer lugar, ante un repensarse de la izquierda. Una izquierda que lamenta las cesiones hechas en tiempos de transición —en ocasiones, castigándose con un no menor torturado olvido de las circunstancias históricas que se dieron en ese momento— y que sostiene que la organización republicana de la sociedad, implica una política económica, cultural y social fundamentada en los derechos, deberes e intereses de la ciudadanía. Una izquierda que entiende que recuperar los valores fundacionales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, permite llevar a cabo cambios estructurales de envergadura. Una izquierda que ve en el horizonte republicano la posibilidad de consecución de una renta básica. O que piensa que el acceso a la cultura, mediante instrucción pública, laica, obligatoria, democrática y científica, que el derecho a una sanidad pública de calidad, que la superación de toda forma de discriminación, que el acceso a la gestión participada de los medios de comunicación, que la propia complejidad de culturas e identidades existentes en España y en cada una de sus naciones sólo pueden darse en república.

Nos hallamos, más allá de las filas concretas de los partidos, en los movimientos sociales, en segmentos cada vez más amplios de opinión, un apogeo del republicanismo como idea moral y horizonte de compromiso cívico con el bien común. Germina entre los nietos que se preguntaron hace una década por sus abuelos. Se propaga, y combate con energía el desdén posmoderno para con los símbolos y rituales del pasado. No nos encontramos, simplemente y como decía al principio de estas líneas, ante una moda generacional, aunque sean los más jóvenes quienes, desprendidos del recuerdo de la guerra y la dictadura, muestren una mayor inclinación por ese modelo de organización institucional. No nos encontramos, aunque también contenga ese ingrediente, con un argumento de mera oposición a la monarquía. Es, eso sí, como he insistido varias veces una propuesta que contiene elevadas dosis de impugnación tanto a la monarquía como a la Transición. La forma en que se habría producido habría dado lugar a una democracia en la que no estaría asegurada la gestación de un vínculo estable entreinstituciones, normas y mínima justicia. Esta supuesta debilidad de origen constituiría la explicación, evidente, a la falta de adhesión de los ciudadanos. Expresada como desencanto primerizo, como abstencionismo estructural más tarde.

Quizás nos encontremos ante la posibilidad de renovar los horizontes y las prácticas de liberación, ante un recobrado espacio de aprendizaje de la política frente al terreno de confluencia en una condición, la de la ciudadanía virtuosa, atenta al bien común, interesada en lo colectivo. Ahora no en las juntas y en las milicias nacionales, en la lectura del periódico y en la barricada. Pero sí en la calle y en la red, y en todos los terrenos de concreción de las prácticas de relación social en el siglo XXI.


Àngel Duarte es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Girona y autor de numerosos e importantes estudios sobre la historia del republicanismo en España
Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-109/notas/el-pasado-republicano-que-vuelve-el-futuro-posible

Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter 

02-01-2013









                                                                                      La España Confederal




La Historia como guía para una reforma




Sabino Arana
La reorganización del capitalismo tardío, fase en la que predomina la especulación sobre la producción, exige la creación deliberada de grandes espacios precarizados. El siglo XX conoció este fenómeno de manera muy llamativa en el continente americano. La transformación de las repúblicas del centro y del sur del continente en grandes patios traseros y en miserables colonias dependientes fue obra de la política yanqui. Esta hizo un amplio despliegue de intervenciones militares directas, fomento de los golpes de estado, apoyo a guerrillas contrarrevolucionarias, sobornos a dirigentes y funcionarios, amaño de elecciones, apoyo a grupos mediáticos y mil recursos más. La precarización ha llegado a Europa: este es el panorama del siglo XXI. Por medio de diversas tácticas de "violencia estructural" (no hemos llegado a recuperar el golpe de Estado o la invasión militar directa) la Unión Europea al servicio de Alemania ha reajustado las consecuencias de su errónea política financiera –meramente especulativa- castigando a los países que se dejaron llevar por ella, aceptando el aterrizaje de capitales "paralizantes" de la autonomía productiva. Llamo capitales "paralizantes" a aquellos que, como el curare, se constituyen en un veneno exterior que impide la producción y el dinamismo de una formación social.

 El capital alemán y –en general- europeo- tanto en la forma privada (orientada a la especulación inmobiliaria) como en la forma oficial (por vía de diversos fondos estructurales, de cohesión, de reconversión, etc.) llegó a España con estos resultados. Es un capital especulativo (toma el dinero y corre) y, por tanto, para su aterrizaje en una neocolonia es preciso que se lleve a cabo todo un escenario de recorte y modelado de lo que previamente fue esa neocolonia. En el Reino de España, y muy en concreto en mi País Asturiano, se ha podido ver en qué consistió ese escenario "arreglado" a golpe de decretos de despacho y a golpe de porrazos de los antidisturbios: adelgazamiento brutal de los sectores primario y secundario.
Vayamos por partes. 

-- Adelgazamiento del sector primario. Los ataques a la Casería, organización ancestral de la Asturies eterna, se han focalizado en la guerra de la leche. La imposición de las cuotas lácteas y de criterios de productividad capitalista que nada tienen que ver con las finalidades culturales, ecológicas e institucionales de la Casería tradicional asturiana ha sido uno de los elementos más desestabilizadores de la identidad del País Asturiano. El ingreso de España en la Comunidad Europea con los calzones bajados en tiempos del felipismo supuso dejar en la estacada a la Iberia del Noroeste, la verde, la rica en pastos, carne y leche, esa Iberia donde se localiza Asturies. Llegaron a estar prohibidas las vacas en el paraíso del vacuno. Hoy el campo asturiano está casi abandonado a mayor gloria de los supermercados franceses. Hoy en día, el ganadero de la Iberia atlántica es un esclavo en manos de la gran industria láctea, que le impone precios ruinosos para la producción. En algunos aspectos el ganadero y el propietario de explotaciones agrarias es el mayor vapuleado del sistema, pues a diferencia del obrero, éste "empresario" no goza de libertad para fijar precios de sus mercancías producidas, ni tampoco puede contar con un abanico flexible de compradores. Tampoco puede con facilidad unirse a otros campesinos y paralizar la sociedad por medio de huelgas, aunque lo haya intentado.

 Su posición cada vez más marginal en una sociedad dependiente de la gran industria foránea, y supeditada a las grandes decisiones euroburocráticas, hace que Asturies y los demás países del Noroeste (Galicia, León, Cantabria) no pinten nada y no puedan hacerse escuchar con voz propia y fuerte. Entre medias está un Estado Español de signo sureño y levantino, remiso a la defensa de intereses de una Iberia atlántica cada vez más marginal y potencial competidora de Francia y de demás países "verdes". Si a ello le sumamos las propuestas etnocidas que en España se estilan con respecto al campo, y de las que no faltan defensores locales, el campo se verá muerto y más que muerto durante todo el próximo siglo. Entre esas propuestas etnocidas que tanto se cacarean en la llamada "prensa regional" figuran la eliminación de concejos o la fusión de los mismos, contraviniendo la naturaleza histórica y antropológica de los mismos.

 También hay que citar el proceso de unificación y centralización de las escuelas rurales, violando con ello un derecho humano fundamental, que es el de recibir educación en igualdad de condiciones y sin perder las raíces de la tierra natal. Con criterios economicistas, se centralizan los servicios de salud y otros servicios básicos del Estado, con lo cual no es de extrañar que las familias jóvenes, en edad de reproducirse, emigren a los grandes conglomerados urbanos, como el triángulo Uviéu-Xixón-Avilés, por ejemplo. Universitarios sin cabeza, o simplemente cipayos sin alma, han defendido la creación de una "Ciudad Astur", esto es, la reconversión de la antigua Nación Asturiana en un gran municipio de un millón de habitantes, homologable a un barrio de Madrid, convenientemente rodeado de zona verde con algunos servicios para turistas. Estas agresiones contra el campo asturiano son, en realidad, agresiones contra la nación asturiana.

Si no fuera porque hay importantes intereses comerciales extranjeros –franceses- en contra del desarrollo de la Casería, en contra del sector de la leche del N.O., del campo atlántico de Iberia, en general, no podríamos entender bien la raíz de este abandono en que Madrid y las "autonomías" concernidas (incluyendo el "Principado") le ha dejado. Sustanciosos fondos han sido malgastados en manos de los sindicatos corruptos, CCOO y SOMA-UGT, enemigos del Pueblo Asturiano, y se han convertido en fondos obstaculizadores del desarrollo. Por otra parte, sorprende la cantidad enorme de subsidios oficiales que el Estado destina a población flotante, no contributiva, extranjera, etc., filantrópicamente destinados, se supone, a su perfecta integración en las grandes ciudades, que es donde se concentra ésta. Mientras que se malgasta este dinero en incentivar todo género de parasitismo urbano en personas desarraigadas o –a veces- delincuentes, a los verdaderos pobladores del País, que en última instancia son los pobladores del campo, se les retiran los servicios sociales, educativos, sanitarios, etc.

 Sin temor a la exageración se podría decir que los auténticos habitantes del País Asturiano han estado sufragando con sus propios recursos el proceso de sustitución étnica que consiste en (1) abandonar el campo para superpoblar la ciudad (asturiana), en una segunda fase (2), que puede darse dentro de la misma generación o en la siguiente: abandonar la ciudad (asturiana) y emigrar a España o a Europa. El "nicho ecológico" urbano (que no el rural) será ocupado por las limaduras de hierro que atraiga el imán de las subvenciones y de ciertas ventajas relativas de un Estado del Bienestar en franca decadencia. Así se convertirá Asturies en un solar vacío de gente o, en caso contrario, en un solar repoblado por contingentes foráneos cuya llegada y cuyos relativos privilegios (relativos sobre todo por comparación a su provincia o país de origen) han sido sufragados por el esfuerzo de los nativos que han tenido que marcharse.

 Toda la crítica a este proceso es bloqueada con un anatema: ¡xenofobia!, condenación que saben manejar muy bien los apóstoles del neoliberalismo cuando recomiendan y hasta exigen movilidad a los trabajadores asturianos, así como los izquierdistas, que se tornan ultrasensibles hacia unos desconocidos, cuya nacionalidad incluso es ignota y que exigen sus derechos nada más aterrizar, pero que al mismo tiempo miran con gran conmiseración a los "reaccionarios" campesinos que, al no saber readaptarse a los nuevos tiempos abandonan la aldea, la Casería y el género tradicional de vida, pues es "una Ley Natural" ésta que se llama Ley del Progreso.

 Ahora le toca el turno al sector secundario. Desde los tiempos anteriores a la conquista romana, el País Asturiano contó con condiciones propicias para la minería y la metalurgia. Los astures independientes y después los romanizados eran famosos por sus actividades en este sector, hasta el punto de que las riquezas naturales del territorio astur –que incluyen los metales preciosos- disminuyeron considerablemente desde los tiempos del imperialismo romano. Las condiciones geológicas de Asturies favorecieron una actividad minera que, con el inicio de la Revolución Industrial trastocaron el País de arriba abajo. Las entrañas hendidas y descoyuntadas de la tierra astur quedaron hoy como cicatrices de un paisaje rural y una actividad agropecuaria autosuficiente. La Minería, hoy en trance de extinción, supuso una grave pérdida de identidad del País, por la afluencia de emigrantes sureños que vinieron al País a buscarse su pan. Emigrantes que, junto a los nativos, sufrieron horrendas condiciones de explotación, casi podría decirse que martirio. 

Todo tipo de costumbres extranjeras penetraron hacia el norte de la Cordillera cantábrica: tabernas de vino, festejos taurinos y flamenquistas, castellanismos y andalucismos. Las consecuencias de la Revolución industrial son siempre el desarraigo poblacional, tanto de los que afluyen como de los que se quedan y contemplan cómo su escenario les cambia por completo. La tranquila sociedad rural asturiana, que estaba lejos de ser una Arcadia opulenta, había vivido durante siglos en el remanso de la fe, del paternalismo señorial, de la inmovilidad de las clases sociales, del tradicionalismo. Pero la agudización de la explotación de los obreros, y la sacudida de los cimientos tradicionales de explotación del agro, descoyuntaron al País. 

Vinieron muy pronto ideologías que sirvieron para sustituir a las Ideas. En lugar de Bondad, Lealtad, Honor, se trajeron los ideales de la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad. Pronto aparecieron el Anarquismo, el Republicanismo Federal, el Socialismo, y el Comunismo. A costa de su paisaje y de sus aparentemente inconmovibles raíces medievales, el País Asturiano, un País de aldeas y caserías, se descoyuntó en torno a una línea de fractura: la lucha de clases. La virulencia de las huelgas asturianas llegó a su epítome en la Revolución de Ochobre de 1934.

 De esta calamidad la nacionalidad asturiana no se ha recuperado. La catedral y sus símbolos nacionales más preciados, sitos en la Cámara Santa, quedaron destruidos. La Universidad, destruida y clausurada. Miles de muertos, miles de violaciones cometidas por las tropas de la República Española y sus mercenarios los moros. Se habilitaron campos de concentración para los miles de revolucionarios asturianos detenidos, que además fueron sometidos a todo género de torturas y humillaciones.
Se puede decir que desde 1934, Asturies no levantó cabeza como nacionalidad. Todo proyecto regionalista y autonomista se bloqueó, y las ideologías más intransigentes, a izquierda y derecha, se adueñaron de las calles. Toda visión nacional se supeditó a la lucha de clases, y desde que los revolucionarios asturianos fueron traicionados por los partidos y centrales obreras de España, se fomentó el mito castrante de que Asturies siempre había dado su sangre por los demás, por otras instancias: por España en la Covadonga del siglo VIII, por el Rey y por España otra vez, en la Revolución antinapoleónica de 1808, y por el Proletariado Internacional en 1934.

 Asturies vivió ya para siempre en un largo sueño y en una insoportable mentira. Pues tras la Guerra, y tras ser aplastado el Consejo Soberano de Asturies y León, la posguerra aguardó para el País un destino propio para un País ocupado: ser colonia. Sobre Asturies y sobre los territorios circundantes que formaron el viejo País Astur (el Noroeste de la Península) el Reino Español, reconvertido en dictadura totalitaria, se ejerció con mayor intensidad el proceso de aculturación que ya un siglo antes habían emprendido los gobiernos liberales de Madrid. En realidad, toda la batería de críticas que los "soberanistas" e independentistas de toda laya dirigen contra el Régimen de Franco como causante de los males del centralismo, como principal agente de la españolización de todos los territorios, deberían retrotraerse a los gobiernos de la Monarquía Española del siglo XIX, y de forma muy especial a los liberales. Tras 1812, se fue consumando la desarticulación étnica y política de los pueblos ibéricos, con divisiones provinciales arbitrarias, con la disolución de la Junta General del Principado (1835), con la uniformización de la enseñanza, el derecho civil, etc.

El franquismo fue una continuación del siempre fracasado proyecto liberal por hacer del Reino de España un Estado-Nación a la manera francesa. Un intento tardío pues ya en Europa se había dado la acumulación de capital necesario para que las burguesías de otros estados-nación se apelotonaran en torno de gobiernos y ejércitos que se lanzaran a la conquista y reparto del mundo. La Monarquía Hispana se había lanzado a la conquista del mundo sin haber consolidado burguesía alguna, antes bien, liquidándola a comienzos del siglo XVI. Su inmensa máquina militar y burocrática, alzada durante el reinado de los Habsburgo, se reveló como ineficaz desde el principio, sobre muy precarias bases hacendísticas, ajenas a la racionalidad que exigía en Capitalismo boyante en los otros estados europeos.

 Tras los Habsburgo, los Borbones fueron acometiendo sus planes centralistas –aquellos que Olivares no había podido ejecutar en el siglo XVII. Los Borbones fueron los que realmente trajeron la castellanización por decreto del Reino. El "castigo" de eliminar los fueros a los territorios austracistas (los de la Corona de Aragón) no pudo ser aplicado a otros territorios autogobernados desde antiguo, de naturaleza foral y con cámaras de representación popular propias (Principado de Asturies y las Provincias Vascongadas), por haber permanecido leales a la causa borbónica.

El verdadero nacionalismo asturiano, que debe separar bien su frontera con ese "soberanismo" que, en realidad, es una prolongación secreta de Izquierda Unida para dividirle y neutralizarle, es una causa legitimista. Todos los nacionalistas asturianos somos legitimistas: no revindicamos un "derecho a decidir" o un "derecho a la autodeterminación". Reclamamos en realidad el ejercicio de una soberanía ilegalmente pisoteada pero que es soberanía originaria. España no existirá desde el punto de vista de la legitimidad natural mientras no se reconozca y no se permita el ejercicio de la soberanía de Asturies. Asturies fue el primer reino en tiempos de la dominación mora, y de este estado medieval brotaron los concilios que, andando el tiempo, serían la Junta General del Principado. Del Reino Asturiano irían brotando todos los demás entes políticos (condados o reinos, así como las Cortes y Juntas que regionalmente surgirían en el medievo).

Resulta penoso observar cómo la ignorante prensa "regional" asturiana, así como sus intelectuales provincianos, hacen amplio uso del nombre de "Principado" entendiéndolo en un sentido patrimonial, como si la vinculación a la primogenitura del Rey Castellano fuera un hecho eterno e inexpugnable. "Principado" tenía en el medievo un sentido más bien aproximado al de "República". El circo –o payasada- anual que se celebra en Oviedo con la entrega de los premios de la Fundación "Príncipe de Asturias" no es otra cosa que un montaje para dar publicidad a la Casa Real, a la monarquía española, pero Asturies ya fue Principado antes de que existiera España, y su denominación histórica no tiene nada que ver con el sentido patrimonialista que se le pretendió dar en 1388, cuando el rey castellano quiso hacer suyos estos territorios, por cierto bien levantiscos y que podrían haber formado parte de otra Corona –por ejemplo, inglesa- o mantenerse de forma republicana (a través de una Junta General o Hermandad de todos los concejos asturianos) de haber sido otros los resultados de las luchas de los nobles independentistas.

 El Principado de Gales o el Delfinado francés también fueron ejemplos de "retención" de un País a una Corona por medio de la primogenitura regia. Y en una época tan poco propicia a las repúblicas, la existencia de Juntas soberanas –como las vascas y la asturiana- junto con el constitucionalismo y federalismo de los reinos de la Corona aragonesa son buenos ejemplos de la tendencia no absolutista del Medievo. Sin embargo el Principado de Asturies, con su vinculación a la Corona Castellana perdió fronteras con otros estados extranjeros a los que poder reclamar ayuda. Su vinculación al Reino de León, por traslado de la corte de Uviéu a Lleón fue la condición de su absorción posterior por parte de Castilla, pero realmente no fue hasta bien entrado el siglo XV cuando se dio lugar la anexión castellana. Y esa anexión fue de todo punto ilegal, pues de la misma manera que los castellanos reclamaron como parte natural de su Corona al Principado, éste bien habría podido exigir a los reyes de León, primero, y de Castilla, después, su incorporación a Asturies como parte conquistada y sometida a la jurisdicción.

 No fue así, pues Asturies decayó lentamente y se vio marginada de los grandes aconteceres de la Reconquista (y por tanto de los botines correspondientes). Pero fue de hecho y de derecho una especie de República autogobernada.
Cuando los castellanos y los españolistas reclaman que Asturies es "parte" suya, se les debe replicar que con mucho mayor motivo Castilla y su proyección fantasmal, España, es parte de Asturies, ilegítimamente desgajada. 
La lucha del nacionalismo asturiano es una lucha completamente diferente de la lucha del nacionalismo vasco o catalán. Es una lucha en la que no entran los elementos "modernos" del Derecho (arbitrario) a decidir, como si en cualquier momento se pudiera consultar al "pueblo" (y ¿quién es el "pueblo") desgajarse de un Estado o no. La composición y las dimensiones de los estados, así como las fronteras, serían fluidas en grado sumo, sujetas a la máxima inestabilidad a la que –tendencialmente- propende la Democracia Cibernética.

 El Pueblo podría separase "pacíficamente" de otros Pueblos, y la guerra de votos derivada de una serie de consultas –"legales" o no- se sustituiría por la Guerra de Censos. Si votan los emigrados de la diáspora (asturiana, vasca, gallega) no censados ¿entraremos en las causas de esa diáspora? Si consideramos que la nacionalidad no se corresponde con los límites de provincias decretados por Javier de Burgos en el siglo XIX ¿no son asturianos los de León al norte, los de las Asturias de Santillana, los hijos y nietos de emigrantes en Sudamérica? ¿Se sienten vascos todos los navarros? ¿Independencia de Cataluña sin contar con los demás "Países Catalanes"?

A posta, formulo todas estas preguntas polémicas para obligar a orientar los desvelos del nacionalismo asturiano hacia una Visión de Estado y a marcar distancias con respecto al "soberanismo" en el que algunos ingenuos han ido cayendo, como incautos en una burda trampa, y esa es la trampa de los llamados "soberanismos" vasco y catalán. Desde Asturies no estamos interesados en la lucha de esos pueblos por su destino, aunque en el "soberanismo de izquierda" suelen darse inocuas llamadas a una "solidaridad internacionalista". Más les valdría a estos incautos del independentismo (en el País, articulados en torno a pequeños grupúsculos herederos de la -¿desparecida?- Andecha Astur) estudiar a fondo a Marx. 

Si hubieran estudiado a fondo el marxismo, que pocos conocen e invocan, sabrían de sobra que las Condiciones Objetivas, estructurales, son las que determinan las relaciones entre las clases y entre los pueblos. Sabrían que la "solidaridad internacionalista" para con las reclamaciones de Artur Mas o, de forma más comedida, Íñigo Urkullu, son objetivamente destructivas y perjudiciales para con la Formación Social Asturiana. Suponen la creación de entes parasitarios del Estado Español, suponen la discriminación de otras naciones, nacionalidades y regiones convirtiéndolas en rehenes de unas aspiraciones muy curiosas, pues lejos de venir refrendadas por una revolución netamente popular, como la de Irlanda, por ejemplo, suponen una especie de independencia subvencionada.

 Como asturiano yo voy a tener que pagar con mis impuestos el capricho de Artur Mas de contar con un Estado propio. Lo curioso de ese nacionalismo de sardana y butifarra es que viene impulsado por una burguesía indígena desde siempre explotadora y capitalista (otro tanto se diga del PNV, si bien éste cuenta con más base popular). Esa burguesía se ve ahora demográficamente convertida en minoría, y los apellidos catalanes "de pura cepa" escasean cada vez más, hecho contrarrestado con la catalanización de los nombres de pila. Muchos "Jordi" Fernández o González, o Pérez, son los que ahora apoyan las demandas de esa minoría con pedigrí cada vez más ajena a la realidad: la realidad de una nación, Cataluña, que habla "andaluz" en buena parte, y que el día de mañana hablará árabe en un porcentaje decisivo. Cuando Mas invoca la herencia franca o carolingia de su vieja nación está revelando el grave complejo de identidad que le aqueja.

 El rigor histórico debería haberle recordado que los francos llamaban "hispani" a los catalanes de entonces, y también eran, para ellos, los "godos". Este brote de independentismo debe vincularse a la crisis de identidad que ha provocado en la burguesía, antaño pujante y hoy fosilizada, del centralismo barcelonés. En todas las sociedades heterogéneas desde el punto de vista étnico se dan tales brotes de nacionalismo "reactivo". Sabino Arana fue, hace un siglo, expresión exacta de lo mismo. Y la invención de Castilla, ya desgajada de Asturies y Lleón, lo mismo: la abundancia de judíos y moriscos exacerbó un sentimiento feroz de identidad, de cuya ferocidad –siempre artificial- dan prueba las persecuciones y matanzas de los "otros".

El nacionalismo identitario asturiano nunca fue agresivo precisamente porque nunca necesitó de dotarse deartificios políticos con los que albergar/expulsar a los otros. La sociedad asturiana fue muy homogénea hasta bien entrado el siglo XIX, hasta que llegó emigración sureña y gallega con la Revolución Industrial. La mayor crisis identitaria fue la provocada por la posguerra franquista y la incentivación que de la emigración interna la Dictadura llevó a cabo en todo el Estado. Franco sabía de sobra que con el aguijón del hambre, pueblos y comarcas enteras podían desplazarse de sur a norte, y de centro a periferia con el fin de lograr la homogeneidad tan buscada por él, justo como por los liberales del XIX.

 Fue precisamente en la Transición (años 70 del siglo pasado) cuando la conciencia de la identidad asturiana brotó sobre bases nuevas, un tanto distintas de aquellas bases que sustentaron el regionalismo anterior al desastre de 1934. Entre esas bases se encontraba un mayor énfasis en la reivindicación de la lengua (énfasis al que se circunscribieron algunos asturianistas, limitando con ello el alcance de la lucha), un celtismo cultural, unas demandas de mayor autonomía, un rechazo al covadonguismo como ideología, etc. Pero estas bases fueron débiles: los que iniciaron el movimiento de "Conceyu Bable" no contaron con el doble respaldo que había entre nacionalistas catalanes y vascos: una burguesía autóctona que pusiera el dinero, y un sector popular de izquierda que "animara" las calles.

 El nacionalismo necesita de ambas cosas: dinero y masas. En Asturies no hubo nada de esto.
El carácter de vía muerta de aquella iniciativa de "Conceyu Bable" está hoy a la vista. Fracaso tras fracaso electoral, los nacionalistas, soberanistas, asturianistas, viven en tribus aisladas, sin saber ofrecer un proyecto de nación en común. Casi todo el sector a la izquierda ha venido siendo instrumentalizado por el PCE –y grupúsculos españolistas adjuntos- y después por Izquierda Unida. El grado de control que ejercen sobre los jirones del movimiento de reivindicación nacional es enorme, y fácil de ejercer. Se percibe incluso en las relaciones personales, en la censura practicada sobre ciertas webs, en campañas ad hominem.

 Todo intento de construcción –aunque consista en una mera propuesta teórica- de un amplio frente nacionalista, por encima de la trampa bipolar de "izquierdas" o "derechas" es inmediatamente tachado de "interclasista" o de "tercera vía neofascista". La crasa ignorancia de la tradición marxista por parte de ciertos elementos radicales y anti-sistema les impide comprender que hasta el mismo Lenin veía como fase necesaria de la lucha proletaria la incorporación de éstas a amplios frentes populares en los que otras clases sociales y estamentos descontentos de éstas podían hacer las veces de válidos compañeros de viaje. Frente a la instrumentalización que lleva a cabo la izquierda oficial, claramente corrupta, clientelar y ávida de pesebres proporcionados por el PSOE, todavía queda por hacer un amplio movimiento popular en la que se imbriquen cada vez más los aspectos ecológicos, sociales e identitarios del País Asturiano.

 Ese movimiento popular debe ir desbloqueando poco a poco los mecanismos de sujeción ideológica que la "izquierda plural" del PSOE-IU y grupúsculos adjuntos viene ejerciendo a través de la prensa, la enseñanza, los concejos, las fundaciones y entramados diversos. Además, con la debida conciencia de que las naciones se están quedando muy pequeñas y de que el mapa autonómico (cuando no el sistema al completo, que hoy es la "España de las Autonomías") se va a reconfigurar, este amplio movimiento popular debe enlazarse con el de los países vecinos, y formar lo que yo he llamado una Alianza del Noroeste. Por medio de colaboraciones generosas en todos los terrenos, debe propiciarse:
  1. Un apoyo decidido al leonesismo: León no es Castilla, debe ser el lema de todos los nacionalistas identitarios de Asturies, apoyando además la recuperación de su lengua (que es la nuestra, aunque reciba denominaciones diferentes en cada territorio, leonés o asturiano). Apoyar el proyecto de recuperación del "País Astur", mucho más amplio que la actual comunidad autónoma uniprovincial del Principado de Asturias.
  2. Una coordinación cordial con el nacionalismo gallego, superando puntos de conflicto, recordando que la reivindicada Gallaecia de tiempos remotos coincide básicamente con el Noroeste ibérico, de común raíz céltica.
  3. Apoyar decididamente la recuperación de la lengua asturiana de gran parte de Cantabria, por encima de las denominaciones locales que de ella se quieran hacer, y recuperar en el terreno cultural la idea de Les Asturies/Las Asturias, en plural, como base para esa Alianza del Noroeste.
La España de las 17 autonomías es inviable en lo económico y en lo histórico-cultural. Después de 30 años ha devenido una farsa. Es una farsa que impide la creación de grandes núcleos de pueblos con afinidad histórica y étnica. En territorio y población, el Noroeste (Galicia, Asturias, León y Cantabria) podría medirse con más justicia al lado de las dos Castillas reunificadas, un País Vasco que incluya a Navarra, unos Países Catalanes, Aragón, una Andalucía…

 Pocas entidades nacionales, grandes y, a su vez dotadas de internamente de una estructura federal. Esto supondría el arrinconamiento de esa monstruosa ciudad de Madrid, como vieja capital de un Imperio ya inexistente, así como la supresión de las Diputaciones Provinciales y otras entidades intermedias entre lo local y lo Confederal. 

El nuevo mapa se parecería mucho a las viejas entidades históricas (Reino Asturleonés, Reino Castellano, Corona de Aragón…) adaptado a las nuevas realidades (desgajamiento de lo andaluz frente a lo castellano, insularidad de las Canarias, aumento de la conciencia identitaria en las provincias vascas, tradicionalmente desunidas y más vinculadas a Castilla que a Pamplona…) pero, por regla general sostengo que la Historia es una regla más fiable que el capricho de las oligarquías y de la casta política indígena, y desde luego, ofrece unas orientaciones más saludables que las que emanan de los cocederos de Madrid, villa y Corte. De dicha Corte siempre se ha proyectado una visión fantasmagórica, irreal, de lo que significa la diversidad territorial y etnológica de España.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter 


dimarts, 1 de gener de 2013







Las incontables pequeñas acciones de la gente desconocida





eldiario.es




-Desde el año 2007 unas 400.000 familias han perdido su vivienda por no poder pagar la hipoteca. En este año 2012 que ahora termina se ha alcanzado el récord de desahucios: 49.702 solo de enero a septiembre, un 15,9% más que los del mismo periodo de 2011.

-El porcentaje de desempleo supera el 25%.

-Los ricos concentran más riqueza que nunca, tanto en España como a nivel global.

-Los sueldos se han reducido, así como los servicios públicos y, por tanto, la inversión contra la pobreza y la exclusión social.

-El pago de la deuda se ha impuesto como prioridad. En Madrid, por poner un ejemplo, de los impuestos que paga un madrileño medio, 323 euros van destinados a pagar la deuda de los bancos, y solo 36 euros a inversiones.

-El Banco Central Europeo presta dinero a la banca privada a un interés menor del 1%. El Estado emite deuda pública, que los bancos compran a intereses que han llegado a estar entre el 6 y 7%. Es decir, ‘venden’ un dinero a España y en esa transacción, a la vez que ganan, arruinan el país, porque aumenta la deuda pública. Si el Banco Central Europeo diera dinero directamente al Estado, y no a la banca privada, la deuda pública sería mucho menor.

-Mientras los bancos pagan un 1% de interés por el dinero que reciben, los ayuntamientos y las comunidades autónomas tienen que pagar por sus deudas intereses cercanos al 5%, impuestos por la banca y avalados por el Gobierno.

-Las ganancias de los más ricos han crecido una media del 8,4% durante 2012.

-Las Sicav seguirán tributando al 1%, y el gobierno justifica este privilegio argumentando que si no, ese capital se iría del país. A quienes no poseen riqueza se les niega, sin embargo, toda ventaja fiscal. De esa forma se pretende dibujar un país por y para los ricos.

-Las 100 mayores fortunas de la Bolsa suman 78.518 millones de euros.

-El índice de miseria en España alcanza el 26,4%, un 15,5% más que hace cinco años.
Frente a esto, se ha articulado una lucha protagonizada por movimientos sociales como el 15M, iniciativas impulsadas por organizaciones como Juventud sin Futuro o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Se han tejido uniones impensables hace tan solo unos meses en sectores como la sanidad o la educación, se suceden las protestas, las huelgas, las concentraciones, los actos de desobediencia civil en un ambiente donde más gente, interesada en acceder a la información sin propaganda, está experimentado un despertar, consciente de que esta crisis no es un desastre natural, sino consecuencia de unas políticas y actitudes que podían haberse evitado, si hubiera habido voluntad.

Toda una maquinaria propagandística trabaja al servicio de quienes acumulan la riqueza y el poder, con el fin de mantener al resto de la población dominada y engañada. Por eso mismo es imprescindible el cuidado de la información, del cómo: Cómo se cuenta la realidad, lo que está pasando, de forma que pueda ser comprendido por todos.

La información de carácter divulgativo, con la intención de contar sin parcialidades cuál es el funcionamiento del actual sistema económico, es de vital importancia. Es todo un reto, teniendo en cuenta que la principal arma de aquellos que dominan los medios de producción económicos y financieros es el control de las creencias, de las actitudes, del relato de la historia.

Ya se han registrado cambios en la narración de la realidad, conquistados por movimientos como el 15M en España, Occupy en Estados Unidos o, de otra forma, los movimientos sociales surgidos en el mundo árabe. Todos ellos han sido capaces de imponer en la agenda política o en el debate público determinados discursos que antes eran subterráneos y muy políticamente incorrectos.

Han iniciado luchas en contra de la desigualdad, representada en los desahucios, en las subastas de viviendas secuestradas por los bancos, en la privatización de la sanidad, en la doble vara que las autoridades emplean para imponer castigos: amnistías para grandes y acaudalados defraudadores, multas, detenciones e incluso cárcel en régimen de aislamiento para quienes participan en protestas .
Se han ganado ya pequeñas batallas, y podrán ganarse otras mayores “con el suficiente apoyo popular”, algo que siempre subraya Noam Chomsky en sus análisis de las luchas sociales. Puede parecer una obviedad, o una reflexión inocente, pero es así: ciertas acciones de reivindicación, con el suficiente respaldo popular, conseguirían sus objetivos. Ese ‘suficiente apoyo popular’ depende del nivel de implicación que cada ciudadano quiera adoptar.
Este año, por ejemplo, Chomsky mencionaba lo siguiente:

“En 1977, la U.S. Steel decidió cerrar una de sus grandes instalaciones. En lugar de limitarse a irse a sus casas, los trabajadores y la comunidad decidieron unir fuerzas y comprársela a U.S. Steel, entregársela a los trabajadores y convertirla en una empresa llevada y gestionada por trabajadores. No ganaron. Pero con el necesario apoyo popular podrían haberlo logrado. (...)

"Hace un año, en un suburbio de Boston ocurrió algo similar. Una multinacional decidió cerrar una fábrica que funcionaba y era rentable. Los trabajadores y el sindicato se ofrecieron a hacerse cargo de ella y gestionarla por sí mismos. La multinacional decidió en cambio cerrarla, probablemente por una cuestión de conciencia de clase. Si hubiera habido suficiente apoyo popular, si se hubiera implicado un movimiento como éste [en referencia a Occupy], podrían haber tenido éxito”. (Discurso de Chomsky en memoria de Howard Zinn, en Occupy Boston)

Con una información bien difundida, explicada y libre de servilismos se podría conseguir ese apoyo popular. Porque lo que la gente está pidiendo y defendiendo son causas nobles a las que nadie, en su sano juicio, se opondría: un mundo más justo, con más igualdad, más solidario, capaz de ofrecer una vivienda digna, un trabajo digno, una atencion médica y una educación gratuitas de calidad para todos.

Cuando conocí al historiador estadounidense Howard Zinn, en febrero de 2005 en Nueva York, me habló de algo que tantas veces antes había escrito y tantas veces después volvió a repetir: La importancia de las “incontables pequeñas acciones de la gente desconocida” que conforman la base de “esos momentos grandes” que entran en la Historia.

Este es uno de esos momentos en los que todo suma y en los que la suma de uno más uno más uno más uno...marca la diferencia.

Feliz 2013.

Fuente:http://www.eldiario.es/zonacritica/incontables-pequenas-acciones-gente-
desconocida_6_84751525.html

Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter