dimarts, 17 de juliol de 2012

MANIFIESTO










MANIFIESTO PARA UNA DESOBEDIENCIA CIVIL


     Sentenciadas las políticas neoliberales aplicadas por el Parlamento Europeo, el Eurogrupo, sugeridas por el Fondo Monetario Internacional, ante la presión de los mercados, con la única intención de devastar todo proceso de entidad ciudadana e implantar  el sistema capitalista en toda su ordalía de poderes omnímodos que obedecen a una evolución del tiempo que nos viene desde que Thatcher y Reagan cuando implantaron un modelo económico con tal de impugnar la bases teóricas de una actitud reivindicativa de las masas populares, las clases medias y sus resúmenes aplicados en la Declaración de los Derechos Humanos y todos los tratados, uno a uno, que fueron surgiendo en la posguerra de la violencia del fascismo en la primera mitad del siglo XX con la intención de reconstruir un mundo que estaba desmoronado y que en breves años, con un inmenso esfuerzo, generó una visible esperanza ante el terror de los hombres que nos gobiernan, se están solidificando en estos momentos una geografía política y económica que sólo aspira al ansia de poder y a la deconstrucción de los individuos en sus libertades más básicas. Estamos asistiendo a la implantación de un sistema financiero y globalizador que consigue arrastrar a la clase política hacia el precipicio de toda nacionalidad propia y consistente. Ante las últimas medidas adoptadas por el Gobierno español, precisamos aquí un memorándum de cuáles deben ser las actitudes de la ciudadanía para una desobediencia civil:
-         Creamos firmemente y constantemente en lo que vamos a hacer y no nos dejemos caer en la rutina, en el hastío o en el olvido. Que todo lo que pretendamos realizar adquiera tintes de realidad y no sólo en supuestos o en advertencias teóricas que no nos conducen hacia ninguna parte.
-         Pasemos de la resistencia al activismo. No sólo convirtamos esta lucha en un compromiso cívico y etéreo, en todo caso, actuemos desde hechos concretos y seamos verdaderos protagonistas del cambio que ya desesperadamente buscamos.
-         Para ello ya de nada valen las manifestaciones y las pancartas, la acumulación de ciudadanía en la calles, puesto eso es lo que precisamente el Poder anhela, que gritemos hasta quedarnos afónicos y que las letras de los carteles se vayan cayendo desde la insistencia y la fotografía que mientras tanto nos están haciendo. Toda revolución debe ser activa, movilizadora, con realidades concretas que supongan una consecuencia ganada, lograda, vestida, reformadora. La clase política, defenestrada por la presión de los mercados, no cambiará nunca ni un ápice de sus voluntades sino es obligada y destruida.
-         Confirmamos la necesidad de una revolución en movimiento, no detenida en las plazas públicas. Toda revolución que hemos aprendido a través de la Historia ha sido violenta. Nosotros debemos proponer la revolución pacífica. Realicemos la vigilancia de las actuaciones de Gandhi, quien derrocó a todo un Imperio Británico desde la desobedencia civil, con un vestido blanco, desde su pequeña estatura caminando los senderos de la India para comunicar su mensaje. Los indios se dejaban golpear con palos y fusiles cuando querían entrar en las salineras que les pertenecían. La sal era un producto básico para la economía hindú. Se ponían en filas y, uno a uno, iban acercándose hacia los soldados que custodiaban la sal. Salían heridos, pero continuaban enfrentándose a los ingleses sin importarles los golpes.
-         Es necesario ya entrar y tomar las instituciones, tanto políticas como económicas. Ghandi. Pongámonos en fila y uno a uno intentemos entrar en los parlamentos, en el senado, en los bancos, en las consejerías, en los ayuntamientos. Está claro que las Fuerzas de Orden Público nos golpearán. Llenemos los hospitales con nuestras heridas. Jamás toquemos a un policía. Así día tras día, sólo con las palabras y con nuestro silencio. No dictemos consignas. No valen para nada. Sólo silencio y acción. Bloqueemos la política. No la dejemos actuar. Que oigan nuestro llanto. Es el único modo de intentar encontrar la piedad, su fuerza desorbitada ante un ciudadano que no se defiende. Sólo desea, vive para una causa común.
-         No paguemos el IVA. No paguemos impuestos. Saquemos todo nuestro dinero de los bancos. No permitamos los desahucios. Ocupemos las casas desahuciadas, pero no desde la calle, desde dentro. No trabajemos. Acudamos a los lugares donde trabajemos, pero crucémonos los brazos. No consumamos, sólo lo imprescindible. Creamos una crisis económica todavía más extensiva. Bloqueemos el Estado. Hagamos que los Gobiernos vayan a la quiebra. Abandonemos el euro, moneda que sirve como pretexto para organizar esta delincuencia neocapitalista. Y empecemos de nuevo. Nosotros. Empecemos de nuevo. Llegarán tiempos difíciles, pero no peores de los que quieren eternamente que asumamos. El capitalismo crea periodos oscilantes donde una crisis económica, una vez solucionada, se encadena con otra. Y así siempre. Baste revisar lo ocurrido desde los años 70 hasta hoy.
-         Y finalmente continuemos proponiendo más alternativas para esta revolución tan necesaria como el pan que sale de los hornos.
Emilio Arnao
 

dilluns, 16 de juliol de 2012

OCUPA EL CONGRESO EL 25 SEPTIEMBRE

diumenge, 15 de juliol de 2012

El palo de la bandera



            Marcos González escribió:

 

                 El palo de la bandera

            Así, a palo seco, nos están robando, y además tienen la desfachatez de decirnos que es por nuestro bien. "Le pego porque es mía".            Primero se nos presentaron como víctimas extorsionadas que no tenían más remedio que aplicarnos unas medidas antisociales porque lo demandaba el dios mercado, y ahí empezaron a sacrificar nuestros derechos para saciar el apetito de sus amos los banqueros. A partir de ese momento perdimos la soberanía política y desde los parlamentos empezaron a emanar leyes que dictaban los consejos de administración de los grupos de inversores y los ladrones de guante blanco institucionalizados del FMI y del Banco Central Europeo, con la colaboración de los tecnócratas de la Comisión Europea. Pero el robo no ha hecho más que empezar, y solo hay que seguir el manual que les están aplicando a Grecia, Irlanda, Portugal e Italia para saber los pasos que van a seguir contra nosotros.            Los mercaderes, los usureros, los diteros, los prestamistas, que caminan con traje y corbata o ropa informal, tienen como objetivo apoderarse del sector público rentable de los estados europeos y, de camino, precarizar las relaciones laborales llevándolas a parámetros del tercer mundo, y aumentar la tasa de explotación sobre las personas y el medio ambiente, aunque pueden dejar sobrevivir a sectores de aristocracia obrera en los segmentos de producción que ellos crean oportunos.            Lo mismo que la dolarización de la economía latinoamericana se utilizó para la rapiña de aquellos pueblos, el euro está jugando el papel de control económico por parte de las élites de los estados europeos.            Perdimos la soberanía política y ahora, con la intervención que acabamos de sufrir al aceptar las condiciones del préstamo de los 100000 millones de euros para salvar al sector privado bancario español y a sus acreedores franceses, alemanes, finlandeses, holandeses..., perdemos también la soberanía económica. La deuda no solo es externa, es eterna. Sencillamente es impagable. De España como proyecto político, social, económico y humano solo quedan el palo de la bandera y "la roja", y con eso no se come. El parlamento español es un cascarón de nuez que va a la deriva y nosotros somos las aguas sobre las que navega. En estas cabe preguntarse: "¿para qué los parlamentos, los ayuntamientos, las diputaciones si los tecnócratas designados por el FMI, el BCE y la Comisión Europea van a dirigir nuestras vidas?, ¿para qué esta pseudodemocracia?. Ellos ya tienen las respuestas, ¿y nosotros?, ¿las tenemos?            Sin soberanía política, sin soberanía económica y entregados a las oligarquías de la UE y de EE.UU. por las elites locales como si fuéramos una colonia moderna, ¿qué podemos hacer? El objetivo debería ser, en principio, recuperar lo perdido. Pero, ¿para qué? Y ¿para quién? ¿Para la recomposición de la vieja España? ¿Para que la relación entre los de abajo y los de arriba siga siendo la misma? ¿Para que el modelo de desarrollo sea igual de depredador y de antidemocrático? La respuesta a estas preguntas es distinta según la posición ideológica de la que se parta. Por una parte está la socialdemocracia de izquierdas, con sus viejos clichés, intentando organizar el frente de masas, el frente político, e identificando un enemigo común al que combatir, en este caso el neoliberalismo. En definitiva estarían hablando de reformar lo irreformable, porque las condiciones históricas que dieron paso al estado del bienestar ya no existen. La otra posición sería la que ha emanado del 15M.            La marcha de los mineros sobre Madrid ha puesto sobre la mesa una disyuntiva: negociación o ruptura. Teniendo en cuenta que las elites ya rompieron el pacto social de forma unilateral, la negociación no tiene sentido como estrategia, y por ende la ruptura tampoco: ya se ha producido. Ahora toca, como decía la leyenda, que se vayan todos. Destituir a los constituidos y no dejar un vacío de poder, lo que significa construir órganos democráticos de gestión de lo común, desde los municipios hasta las universidades. Una vez deslegitimado el poder establecido, ¿por qué seguir aceptando su lógica? Si el rector de una de las universidades de Madrid aplica el decreto que saca Esperanza Aguirre contra los trabajadores y estudiantes universitarios y no se pone al frente de las reivindicaciones de los afectados, que fueron los que le pusieron en su puesto, ¿por qué no destituirlo y nombrar democráticamente a otro que convierta las reivindicaciones de los afectados en un plan de gobierno? Si los parlamentos y los ayuntamientos legislan contra los ciudadanos, ¿por qué no crear parlamentos y municipios de ciudadanos? ¿A quién hay que esperar para ponerse a cultivar los campos baldíos si los jornaleros no tienen acceso a la subsistencia porque el gobierno les retira el subsidio de desempleo? ¿A quién hay que esperar para negarse a parar la producción de una fábrica viable porque la UE la quiere cerrar? Y así un largo etcétera. Desobediencia civil como respuesta frente al robo institucionalizado. Empoderamiento de la sociedad.            Lo que digo da vértigo, ¿verdad? A mí también. Pero lo que están haciendo con nosotros me pone enfermo. Rompamos pues su lógica e implantemos la nuestra. Y caminemos hacia un proceso constituyente, el de los de abajo, el del pueblo, con unas nuevas formas de relación y de producción más democráticas y solidarias. 

            Marcos González Sedano