divendres, 26 d’abril de 2013

Catalanizar España



José María Carrascal*

No se asusten. No se trata de abogar por el dominio del catalán sobre el resto de los españoles; no se trata de sustituir la hegemonía madrileña por la barcelonesa. Además, dudo que a los catalanes les interesase.
Los catalanes perdieron, hace mucho tiempo, sus ambiciones hegemonistas -más o menos desde aquel episodio fulgurante de los almogávares- y desde entonces se han dedicado a su propio florecimiento, en vez de malgastar energías en subyugar a los demás.
Ajuntament de Terrassa
Tal vez porque fueron los primeros, entre los pueblos de Europa, que comprendieron que imperialismo es contrario a democracia. Hay que temer muy pocas cosas de los catalanes, y la que menos, afanes de señorío.
lo que aquí sugerimos es cosa muy distinta y más profunda: que la catalanicidad pase a ser parte operante del alma española, hasta ahora no fecundada por ella: que el hecho catalán no se reduzca a aquella esquina, sino que se incluya en el resto de la nación, no para aplastar lo que es genuino de cada tierra, sino para ensancharlo, potenciarlo y enriquecerlo, haciéndolo más apto para la nueva situación que España inicia.
Una de las mayores desgracias que ha sufrido nuestro país, es lo que ha venido presentándose como "espíritu español", apenas impregnado de catalanismo, cuando debería haber sido uno de sus ingredientes principales.
Bien distinto nos hubiera ido, muchas desventuras nos hubiésemos ahorrado, de haber ocurrido así. Pues pudo haber tiempos en que, para ser algo en el mundo, lo mejor era descabezar moros, cruzar cordilleras o conquistar imperios con una docena de hombres.
Pero esos tiempos han pasado hace muchos siglos, y al empeñarnos en sujetar el alma española a tales características, la hemos empequeñecido, mutilándola y haciéndola poco apta para las nuevas circunstancias.
No recuerdo quién dijo, que la única forma de hacer una nación moderna de España, era llenar el país de suizos o ingleses. ¡Y eso teniendo al lado a los catalanes} ¡Qué ceguera¡ ¡Qué desatino¡
Cataluña ha sido la gran desconocida para el resto de España; desde luego más desconocida que Francia, Italia, Inglaterra o la misma Alemania. Se conoce más la literatura rusa que la catalana, y nuestro conocimiento de Cataluña, está hecho a base de cuatro lugares comunes, todos ellos erróneos cuando no agraviantes.
Sólo los que, por azares de la vida, hemos tenido la suerte de que nuestras familias fueran a residir allí, pudimos darnos cuenta de las enormes diferencias que hay, entre lo que se cree en el resto de España que son los catalanes, y lo que son en realidad.
España no tiene que ir fuera de sus fronteras a buscar virtudes cívicas modernas: las tiene dentro de ella misma en Cataluña, y no me refiero sólo a la laboriosidad, al sentido organizador y de empresa, a la iniciativa. Me refiero a algo más valioso y raro: a la mezcla de tradición y modernidad que hace a los países a la vez estables y dinámicos, al espíritu de cooperación, sin el que una nación no pasa de reino de taifas; al respeto a la intimidad ajena, algo prácticamente desconocido en el resto de España, y que tal vez sea la cualidad más preciosa del espíritu catalán.
Todo ello lo necesita España, hoy más que nunca, pues es con esos mimbres con los que se teje auténtica democracia. Sin ellos de poco sirven Constituciones, partidos, urnas.
Cataluña viene adelantándose durante los últimos siglos al resto de España, y la gran tragedia de ésta ha sido no seguir la dirección que le marcaba la que, a fin de cuentas, era su avanzadilla europea.
¿Ocurrirá otra vez algo parecido? ¿Se construirá la nueva democracia española con la colaboración de los políticos catalanes, o seguirá ignorándoseles? Y cuando hablo de políticos catalanes no me refiero a los de allí nacidos, para pasar luego por el filtro de Madrid: me refiero a los catalanes cien por cien, gentes que nos digan las cosas un poco bruscamente, sin rodeos: que nos transmitan su sentido común, su instinto práctico, su conciencia de responsabilidad individual y colectiva. Algo que estamos necesitando cada vez más angustiosamente.
Cuando oigo decir a personas sensibles, inteligentes, que Cataluña no puede separarse "porque el Ejército no lo permitiría", siento como un puñetazo en plena cara. ¿Pero todavía estamos con éstas? ¿Todavía no hemos aprendido?
No. Cataluña no puede separarse porque la necesitamos, hoy más que nunca, y hay que decírselo cuanto antes, bien alto, sin rubores, sin vergüenzas.
Necesitamos no sólo su industria, su arte, su organización, su modernidad, sino también su espíritu, su ejemplo, sus líderes, su "seny".
Y espero que ella también nos necesite a nosotros, para ser algo más que un rincón delicioso, cultivado y pintoresco en el Mediterráneo, y proyectar continentalmente, a través de España, el espíritu catalán, que todavía tiene mucho que decir en esa Europa por hacer.

*Periodista de «ABC" (Madrid)


dimecres, 24 d’abril de 2013

El Duelo









 Mi querido hermano, Juan de Mairena:

Que los pasos que dan tus sandalias salven los guijarros del camino, que los dátiles del Valle del Río Jordán nunca falten en tu mesa; que la leche de camella perfumada con canela y azahar refresque tu garganta, que la pastela de Alfacar decore tus almuerzos; que el vino de la Alpujarra descanse en copa; que la menta de la Fuente de Ainadamar despierte tus sentidos y que tus hijas y amigos dispongan de tu presencia eternamente.


Murallas de la Alcazaba de Almería (Marcos G. Sedano)
Hermano, me hablas de nuestra Matria, del sufrimiento innecesario que padecen sus hijos, de la avaricia de los privilegiados que atesoran sus riquezas a costa de la desgracia ajena. Yo, al leer tus palabras, me siento avergonzado sin derecho a alargar más mi duelo en estas circunstancias de extrema necesidad. Hoy, cada mujer y hombre de esta tierra debería estar tejiendo la red que nos dé el pez nuestro de cada día, el mismo que saciaría nuestra hambre de pan y de justicia. Por todo este pesar que me produce la situación, antes que apareciera el alba, encaminé mis pasos al monte Horeb. Me acompañaban dos sombras. Conforme íbamos ascendiendo entre olores a madrugada, se apagaban las estrellas. Por Cabo de Gata, con la fuerza que le da ser la vida del planeta, salía perezoso el Sol. Cerca de la cima, a un paso de la cueva donde arde mi zarza, las dos sombras se detuvieron. Colocándose espalda contra espalda, empezaron a caminar en dirección contraria hasta llegar al borde del abismo. Desde allí se miraron, tensaron sus arcos y liberaron el hilo que retenía la vareta de almez que sostenía la punta de acero. En aquel instante rompió el día en la montaña y al mostrarme sus rostros descubrí que era el mío. Y cuando el metal cercenó las fibras de sus pechos, el destino les convirtió en dos bloques de granito. Ibn Hazm asesinó a Ibn Hazm.

 Caminé hacia las murallas, sin volver la vista atrás, la brisa de la Mar fue ocupando mis pulmones y en una alegría juvenil me sentí volar sobre los barrancos.
Mi querido hermano, mi monte Horeb deberá esperar a otro momento de mi vida; abandono el desierto, un barco me espera en el puerto. Subiré por el Gran Río hasta mi nueva casa, que se encuentra cerca de la Pila del Pato; la pintora de los laberintos la guardo para mi.

Hermano, a mis anfitrionas les debo la vida, la del alma que es la que más me dolía. Una parte de mi ya es de ellas y mi presencia, si así lo quieren, no les ha de faltar a pesar de la lejanía. Que los dioses de los creyentes y de los ateos las protejan eternamente.

(Y a ti, que me preguntas que significaban las interrogantes, a ti, que pasabas junto a mí con el corazón en la garganta, cerrando los ojos como si con ello no sintiera tu presencia, a ti, ¿que he de decirte? si tú ya lo sabes todo, incluso lo que no escribo en mis cartas)
Mi querido hermano, no retires el agua del fuego, espero compartir pronto el té contigo.
Un abrazo
Ibn Hazm, de Almería
(Marcos G. Sedano)

dimarts, 23 d’abril de 2013

La caída de las castas


Si en ésta sociedad líquida
que nos han creado, no hay
espacio para los débiles,
sólo sobrevivirán los muertos.

      El Estado nacional o supranacional ejerce su poder sobre la sociedad. Se va regenerando así mismo. Dirigido por los de arriba, que van utilizando las diferentes crisis, especialmente las sistémicas, para avanzar más rápido en la concentración del poder.
            En ese proceso mueren unas castas y nacen otras. El sistema va mutando el régimen donde se reproducía, para seguir reproduciéndose. Identificar en esos momentos el proceso químico/social que se produce, sus debilidades y fortalezas, es sumamente importante para saber si existen posibilidades de espacios desde donde abortar el proceso, o hacer que el coste del parto sea tal, que el sistema no tenga más remedio que compartir espacios de poder: sociales, políticos, económicos…con la parte de la sociedad que cuestiona la propia existencia del Estado. La tendencia del Estado siempre va a ser la de garantizar su supervivencia, aunque para ello tenga que mutilarse.

            El régimen en el que vivimos en el estado español es el heredero del anterior, fruto de una transición plasmada en la constitución de 1978. La misma que garantizaba formalmente la continuidad del sistema, y la creación de nuevas castas, que ejercerían de guardia pretoriana: partidos, sindicatos, grupos de presión, la monarquía…Eran la élite de ese ejercito, el mismo que cada vez es más cuestionado por la sociedad. En ésta situación es impensable que el Estado no este trabajando para una nueva mutación, un cambio de régimen.
La Charanga Constituyente (Marcos G. Sedano)
            Agotado el pacto social de 1978 y amortizadas las castas surgidas en aquél proceso histórico, es inevitable la entrada de nuevos actores. Por una parte los invitados por el propio Estado y por la otra, los que han llegado como respuesta de los de abajo.
            Pero como en todo proceso social, lo viejo convivirá con lo nuevo y posiblemente,  lo viejo deje parte de sus genes en el nuevo cuerpo.
         ¿Quiénes son los actores nuevos que llegan?¿Qué posibilidades tienen de quedarse? ¿Qué va a hacer el Estado con ellos? ¿Qué elementos químicos existen para determinar el nuevo régimen? ¿Qué posibilidades de convertirse en un híbrido “útil” tiene lo viejo? Esas son algunas incógnitas a despejar.

        Nosotros, los de abajo, a pesar del pesimismo al que nos podamos ver inducidos, hemos conseguido avanzar más en tres años que en los últimos treinta y cinco. Estamos determinando, y todo ello en continuo movimiento, nuestras formas de organización y relación. Vamos diseñando, ya en la práctica, el modelo de sociedad que queremos, y empezado a hablar y actuar en la toma de espacios de poder. Hoy teorizamos y organizamos acciones encaminadas a un nuevo contrato social, el de los de abajo, con los de abajo, que podría empezar en Andalucía y terminar en el universo de este planeta. 

          Nada está cerrado, todo está abierto. La historia nos ofrece la posibilidad de cambiar lo existente por un mundo más justo y humano y ahí, los más débiles, los más sensibles, tenemos mucho que decir; los demás están muertos.

dilluns, 22 d’abril de 2013

Entrevista a José Luís Sanpedro