dissabte, 11 d’agost de 2012

EL GRAN NOMBRE DE LA DEMOCRACIA


UN CIERTO SILENCIO de ANGELES CASO


Per Angeles Caso


Desde hace tiempo, cada mañana

después de leer el periódico y escuchar al gún informativo en la radio, suelo caer durante un rato en un proceso depresivo. Imagino que a todos ustedes les sucede algo parecido. Por muy bien que les vayan las cosas a uno a título individual, es imposible no verse afectado por todo lo que nos rodea. Parece ce que nos hayan tirado encima un cubo entero de pintura sucia y maloliente, emborronando el fresco más o menos decente que habíamos ido haciendo entre todos. Entre todos: al menos desde el siglo XVIII y el extraordinario proceso de la Ilustración, han sido muchas las genera- ciones, infinitos los hombres y las mujeres que han batallado y se han dejado la libertad y hasta la vida por construir un mundo mejor. Una sociedad de la que habían ido desapareciendo lentamente las masas de los desheredados, dando paso a un dominio de las clases medias que fueron accediendo a la educación y al poder a través de la democracia. Habíamos aprendido que la resdistribu- ción de la riqueza era fundamental para la paz social. Que compartir con los despro- tegidos era la obligación de los más afortunados. El camino hacia delante parecía imparable.Y ahora de pronto, en unos meses, nuestros gobernantes se van cargando en nombre de la crisis los logrosde una sociedad que, al fin, empezaba a ser justa. Sólo empezaba: España no había llegado ni de lejos al nivel deprotección social existente en otros países de nuestro entorno, cuando la guadaña de los recortes ha ido a decapitar precisamente ahí. Tratan de convencernos de que no queda otro remedió pero entretanto vemos cómo los privilegios delos más ricos y los más poderosos se mantienen intactos. Como si la historia no hubiera sucedido. Mientras millones de españoles se van al paro y cientos de miles de parados rozan ya la miseria, los políticos y sus colegas financieros y banqueros siguen impolutos en su mundo perfecto. Y da igual que malversen o dilapiden el dinero que hemos aportado entre todos y que debería invertirse en becas, quirófanos, o asilos: nunca pasa nada, Han tirado millones de euros públicos por la ventana, han inaugurado infraestructuras absurdas, adquirido mansiones, arruinado cajas de ahorros, viajando en coches supersónicos, pagado cenorras, prostitutas y cocaina con nuestros impuestos. Pero ahí siguen, con sus corbatas impecables y su aire de ladrones elegantes. Cada mañana, después de leer el periódico, en medio de la depresión, los maldigo. Maldigo a los corruptos, claro, pero también a los vanidosos que han querido dejar sus nombres escritos en piedra para la posteridad. Y a todos los decentes que han mirado hacia otro lado haciéndose los tontos mientras sus compinches robaban. Y ya sé, ya sé que todo esto no debe decirse que es dar pábulo a los extremismos y a los populis- mos. Etcétera.Etcétera. Pero entonces ¿qué hacemos? ¿Nos callamos mientras ellos nos conducen obedientemente, como ovejitas silenciosas, hacia el viejo corral del antiguo régimen, las grandes desigualda- des, los señores y los siervos…? ¿Decimos amén porque esta bazofia lleva el gran nombre de democracia?

dimarts, 7 d’agost de 2012

CARTA OBERTA A LES PERSONES QUE, MALGRAT LES DIFICULTATS, S'ESFORCEN PER APRENDRE


Estudiants vora el riu. LlumS
Tal com estan les coses, és innegable que els joves ens enfrontem avui a un panorama complicat per a tirar endavant una vida professional. Tot i això, si alguna cosa és certa, és que optar a una —més o menys bona— feina depèn en gran mesura de la formació que ens esforcem a obtenir. Però com ho podem fer quan de vegades ni tan sols ens podem pagar el que val una carrera? Com ho podem fer els que considerem que marxar de casa abans dels trenta és una prioritat?

Jo vaig començar a treballar d'hora, perquè volia un mínim d'independència econòmica, un mínim que no ho era tant quan em vaig independitzar. Però tampoc no volia renunciar a estudiar. Tenia clar que una universitat convencional t'obliga a ser-hi present força hores al dia, a les quals has d'afegir els desplaçaments. I a mi no em sortien els comptes, no en tenia prou amb vint-i-quatre hores. Per això vaig voler veure quines opcions tenia per a formar-me. I vaig descobrir la UOC.

A la UOC el meu temps val més. Almenys aquesta és la impressió que tinc. Gràcies al seu model no presencial, disposo d'una cosa vital per a mi: una flexibilitat total d'horaris i la possibilitat d'organitzar-me el temps i la feina d'acord amb la resta de responsabilitats que sí que necessiten horaris rígids.

A més, és una universitat que et sorprèn, perquè (suposo que les aparences enganyen) la UOC fomenta el treball en equip, té una metodologia que cada vegada adquireix més rellevància en molts àmbits, com el meu, la psicopedagogia. Aprens dels teus companys d'aula virtual, fins al punt que sovint ni tan sols has de récorrer al tutor. I quan sí que t'hi adreces, el tracte és justament l'invers del que comporta la distància: no poden ser més propers.

A mi m'ha solucionat la vida. M'ha donat la independència, disciplina i una cosa que no té preu: tota la llibertat del món. Aprenc sense renunciar a res. Ja em queda poc per a acabar i sento que estic preparada, que tinc les eines necessàries per a enfrontar-me a aquest món tan complicat que hi ha aquí fora i que, per descomptat, formo part d'aquesta gran xarxa de persones de ment oberta.

dilluns, 6 d’agost de 2012

Cuentos de verano por Marcos González Sedano




             Cuando el humo se disipa





Recuerdo que de chavea me gustaba jugar con las nubes de humo que desprendían la quema de los rastrojos. No dejaban mal olor, eran de un color entre gris y blanco, parecidas a las del cielo.

La vega donde se sembraba el trigo estaba surcada por un sinfín de canales de riego, principales y auxiliares, herencia de nuestros abuelos andalusíes para sacarle el mayor fruto posible a la tierra. Estas acequias controlaban también que el fuego no hiriera a los árboles frutales que se encontraban en su camino, inundando los espacios que éstos ocupaban y permitiendo al dios Hefesto el paso a las hazas antes sembradas con el cereal ya recolectado.

Allí, entre el fuego existía el caos, diseñado para que los mozalbetes demostraran sus dotes guerreras y obtuviesen su recompensa. Pero siempre perdíamos. El humo, nuestro gran enemigo, nos impedía ver los diferentes frentes que Vulcano nos iba abriendo y cerrando, acorralándonos año tras año, batalla tras batalla.

El teatro de operaciones era una trampa, para nosotros y para los cigarrones que a veces, en una locura colectiva provocada por la desesperación de no poder escapar, se lanzaban a las llamas como si en ellas estuviese su salvación. El instinto de las tórtolas, las codornices y los conejos en su huida nos alertaba del peligro. "Ahí no nos quedamos nosotras", nos decían.

Aprendimos con el tiempo, cuando los pantalones cortos iban dando paso a los largos y las cicatrices de las quemaduras eran medallas de la contienda, que la clave del conflicto estaba en lo alto de la única colinilla que había sobre el llano. Sin duda un lugar privilegiado, desde allí se tenía una visión general de la vega, se veía dónde estaba el humo, dónde estaba el fuego y se sentía en el rostro hacia dónde soplaba Eolo. Era el lugar idóneo para dirigir la estrategia. Pero no había forma de conquistar la loma. Sobre ella, como un general y sus oficiales, se encontraban el manijero y sus perros guardando las compuertas del reparto del agua de las acequias. Ellos no estaban dispuestos a abandonar su posición hasta que un manto negro de desolación bajo nuestros pies no nos invitara a salir del lugar.

El humo, aquél maldito humo que podía ser nuestro aliado para escapar de la mirada del amo y apoderarnos de los manjares que guardaba la vega en forma de ciruelas, manzanas y peras, era el hijo de las llamas. Con la inocencia de los niños buscábamos una solución, no queríamos ser cigarrones. Y así un día, conforme la mañana avanzaba y el humo se iba disipando, nos dimos cuenta de que la solución estaba en nuestras manos. Que no era necesario tomar la colina. Que podíamos separarnos de las fumarolas y ser más altos que la loma. Que los chopos que crecían en la ribera de la Acequia Gorda competían con las torres de la Alhambra y nosotros éramos los huéspedes de sus copas. Aquel era nuestro reino, desde allí dirigiríamos las maniobras.

Por una vez no salimos de la contienda con los bolsillos rotos llenos de humo. El volumen de las pecheras de nuestras camisetas denunciaban nuestra victoria. Pero a la siembra siguiente nos cortaron los álamos.



Marcos González Sedano

diumenge, 5 d’agost de 2012

OPERACIÓ GARZON abans dels JJOO del 1992



Per David Fernàndez, periodista




Teníem a penes 17 anys i sortíem cofois, a les portes d'unes vacances sempre anhelades, dels barracons del 3r de BUP. Estiu 1992. Vila de Gràcia. Països Catalans. De sobte, com estroncant-ho tot, van irrompre remors d'encaputxats oficials i veïns detinguts al barri, engolits en una negra nit que érem incapaços de desxifrar. Coral i estiu romput, no enteníem gairebé res. D'unes nits, totes les pors i remors insondables que al cap de 120 hores inacabables referien cops, hematomes, bosses de plàstic asfixiants, simulacres d'execucions i ordres d'empresonament. I encara més detencions.
De cop, l'estiu del '92 va ser olímpicament policial i es va tocar de tricornis, tacant-se del tot amb Federico Garcia Lorca: "tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras / con el alma de charol / vienen por la carretera". Allà, en aquella cruïlla de desconcert juvenil i punt de noretorn col·lectiu enmig d'un pati d'institut, vam descobrir de cop el país que no érem, la història silenciada amagada i la memòria negada d'on veníem. La crueltat del moll de l'ós de l'estat. Convivint amb la (ir)realitat i la violència institucional, vam desvetllar-nos, xarop de canya, a través d'obligades lliçons accelerades, quasi inassumibles, sobre estats policíacs, ràzzies i inquisicions modernes.
Clar. L'estiu del 1992 ja no va poder ser un estiu normal. Alcalá Meco, Audiència Nacional, tortura o impunitat es van incorporar de sobte al nostre vocabulari i la nostra quotidianeitat. Impunitat promptement certificada, aquell mateix octubre, a la caserna de la Travessera de Gràcia, quan condecoraven els agents de la Guàrdia Civil que van participar a l'operatiu. D'aleshores ençà, la impunitat ha perdurat, però no pas l'oblit, malgrat el tel de silenci que la planificació política de l'amnèsia pretén imposar-nos.
Moltes vegades hi penso. Que va ser en aquella escletxa, en aquella disrupció, on se'ns va trencar i vam desaprendre la falsa normalitat que encara avui es reprodueix quotidianament. Encara avui: quan allò que va passar -que els Jocs Olímpics van arrencar amb la pitjor operació repressiva contra l'independentisme català- es nega encara. I tot i així el temps és un jutge sever i posa cadascú el seu lloc: Roldan va acabar com va acabar -empresonat per lladre i per mentider-, Corcuera va acabar sent jutjat pel cas 'Fons Reservats' d'Interior, Narcís Serra va dimitir per les escoltes il·legals del CESID i Vera va ser condemnat i indultat pels GAL. Ells comandaven aquell operatiu repressiu.
Per contra i malgrat tot, d'aquell horror -negat, silenciat, banalitzat- vam aprendre noms i mots. Sediments de dignitat que encara avui ens acompanyen i ens han fet créixer per dins i donar-nos per fora: en Joan, en Marcel, en Ramon, per dir només uns pocs. Per ells i per la memòria d'un país matxucat, vaig trigar mil·lèsima de segon en decidir el gest col·lectiu d'aportar quelcom quan vaig saber de la iniciativa de llibertat.cat d'impulsar el documental "Operación Garzón". Va ser ben fàcil. Una aportació mínima, retorn ridícul i incomparable amb tot el que hem rebut d'ells.
No cal dir que la recent campanya de cínic suport al jutge Baltasar Garzón, revestida de fals progressisme i reconvertint-lo en màrtir de la causa de la memòria, em va desanimar i alhora animar encara més a posar un granet de sorra en aquest projecte imprescindible. La impostura cal desmuntar-la sempre. I els independentistes catalans torturats el 1992 van ser els primers en fer-ho, en desballestar el mite Garzón, després d'una llarga lluita que el 2004 va rebre fruits al Tribunal Europeu de Drets Humans. Allà on es va condemnar el sistèmic esbiaix garzonita de 'mirar a una altra banda'.
Síntesi i constant històrica -a l'Amèrica Llatina, a Guantànamo o a les casernes de la Guàrdia Civil-, el botxí mai suporta la mirada del torturat, del colpejat, de l'humiliat. I la veu inexpugnable d'aquells que el van patir espera sempre el moment per fer caure el teatre del cartró-pedra de la història oficial. Sempre som temps al temps i el moment està arribant. Ho escrigué Walter Benjamin: només la memòria rescabala.
Motiu pel qual concorre una darrera reflexió i una responsabilitat compartida i col·lectiva. La més fonamental de les solidaritats va activar-se aleshores amb les víctimes negades del terrorisme d'Estat. Solidaritat que es reactiva avui, a través d'aquest projecte, per alenar una complicitat inclaudicable: el suport a les persones que mai tenen el dret a no creure's allò que 'mai passa'. Perquè allò que 'mai passa' els va passar a ells.
I, sí, clar, és ben cert. Aleshores només teníem 17 anys i cursàvem batxillerat a les palpentes. Però és avui, ara i aquí i 20 anys després, quan entenem per fi que la memòria documental -també audiovisual- és l’única que és capaç de deixar oberts els expedients que el poder vol tancar com si no hagués passat res. La nostra memòria. L'únic antídot contra la tortura de tots els temps.
David Fernàndez, periodista