dimarts, 11 de març de 2014

Mujeres y clases sociales



10-03-2014

Mujeres y clases sociales



Las mujeres no son un grupo homogéneo desde el punto de vista de su situación socioeconómica y, al igual que los hombres, también están cruzadas por desigualdades de clase, aunque con algunas diferencias significativas que es preciso explicar. Clase social es un concepto relacional e histórico. En sentido estricto hace referencia a la diferenciación económica, sociopolítica y cultural entre distintos segmentos de la sociedad, a su distinto papel como actores sociales, considerando su posición en las relaciones económicas, su comportamiento social y su experiencia. En la representación de la sociedad el factor clase social se había debilitado, aunque las clases medias han estado presentes en los ámbitos mediáticos y políticos. Pero, ahora, se visualizan también, por un lado, el bloque de poder –clases altas o dominantes- que aplican una política de austeridad y una dinámica de involución social y democrática y, por otro lado, capas populares –clases trabajadoras y medias- que no se resignan, se oponen a los recortes sociolaborales y defienden sus derechos sociales y democráticos. Las mujeres participan en ese proceso sociopolítico y cultural.

Grafico 1: Población activa por sexo y clases sociales – 2013TII (%)



Fuente: INE-EPA (2013TII) (por situación ocupacional), y elaboración propia.

No obstante, aquí solo vamos a explicar la composición por sexo, según las condiciones ‘objetivas’, de las distintas clases sociales, derivada de la posición de las personas, individualmente consideradas, en las relaciones productivas y de poder. Utilizamos el indicador de la situación ocupacional o tipo de empleo para clasificar, solamente, a las mujeres ocupadas –asalariadas, autónomas y empleadoras- y desempleadas. Es suficientemente representativo del estatus socioeconómico, laboral y de empleo de las mujeres vinculadas al mercado de trabajo. Dejamos al margen a las estudiantes, pensionistas y amas de casa (consideradas por el INE inactivas), y tampoco entramos en otros aspectos de desigualdad, subordinación o discriminación de las mujeres.

El gráfico 1 muestra la distribución de la población activa (ocupada y desempleada) por clases sociales, diferenciada por sexo, según su situación ocupacional o tipo de empleo más o menos cualificado (y en desempleo). Para su clasificación utilizamos los datos oficiales de la EPA (segundo trimestre, que es el de menor impacto estacional para el empleo). El porcentaje es respecto del total de cada sexo. En el conjunto de los tres segmentos inferiores de las clases trabajadoras, semicualificada, poco cualificada y desempleada, el porcentaje de mujeres (64,4%) es mayor (diez puntos) que el de varones (54,2%). Esta diferencia es similar, pero al contrario, en la composición de la clase trabajadora cualificada, donde predominan los varones (21,8%) frente a las mujeres (11,9%). Sumados ambos porcentajes, las personas pertenecientes a las clases trabajadoras, por sexo, son similares: 76,3% de las mujeres y 76% de los varones. La desigualdad se produce en esos diez puntos de desventaja de las mujeres respecto de los varones, en la participación en el segmento trabajador cualificado.

Por otra parte, en relación con la situación de las clases medias, el porcentaje de mujeres (21,5%) es ligeramente superior al de varones (19,4%), en unos dos puntos, diferencia que se ve compensada por su menor presencia en la clase alta (2,2% frente al 4,6% de varones).

Estos datos significan, por un lado, que la cúpula económica está dominada por hombres (más de dos tercios del total, el doble que el porcentaje de mujeres) y que la situación ocupacional media de las mujeres es desventajosa respecto a la de la media de los varones, particularmente en la composición interna de las clases trabajadoras. Así, el porcentaje de desempleadas y poco cualificadas (bloqueadas respecto de empleos especializados) sigue siendo mayor entre las mujeres (39,6%) que entre los varones (32,5%); se notan las desigualdades por género.

Por otro lado, entre las mujeres se produce también una gran desigualdad interna (similar a la de varones) entre una minoría de mujeres (23,7%) de clases medias y alta y una mayoría de ellas de clases trabajadoras (76,3%). Quiere decir que cerca de una cuarta parte de mujeres tienen un estatus socioeconómico, de empleo y autoridad superior al de tres cuartas partes de mujeres y similar porcentaje de varones.

Gráfico 2: Mujeres activas en cada clase social – 2013TII (%)



Fuente: INE-EPA (2013TII) (por situación ocupacional), y elaboración propia.

Este aspecto se desarrolla en el gráfico 2 en el que se detalla la distribución de las mujeres activas (ocupadas y desempleadas) en cada clase social, según los criterios ocupacionales o de tipo de empleo (y paro). Aquí se sacan los porcentajes de mujeres respecto del total de hombres y mujeres de cada segmento de la población activa. En el conjunto de la población activa el total de mujeres es el 46,6% (y de varones el 53,4% restante); es similar a la distribución entre las clases trabajadoras, donde las mujeres son el 46,7% (y los varones el 53,3%).

Como se observa, por tipo de ocupación, son mujeres casi el 30% de la clase alta y casi la mitad de las clases medias. Respecto de las clases trabajadoras las mujeres son cerca de la mitad, por encima de su porcentaje en el conjunto de la población activa; especialmente, su presencia es superior en el segmento semicualificado y en paro. Al mismo tiempo, los mayores desequilibrios respecto de los varones se producen con su mayor participación en el segmento de poca cualificación y, al contrario, su menor presencia en el segmento trabajador cualificado.

Gráfico 3: Población ocupada por ocupación y sexo (%) (2013IV)



Fuente: INE-EPA-2013IV (ocupación según CNO-11), y elaboración propia.

En el gráfico 3, con los últimos datos disponibles de la EPA, se expone sólo la población ocupada (se ha excluido a las personas desempleadas) y su distribución también según el tipo de empleo. Entre las clases trabajadoras se mantiene la diferenciación entre ‘cualificados’ y ‘poco cualificados’, agrupando en este bloque a los segmentos semicualificados, poco cualificados y sin cualificar. Primero, el dato de composición global de la ocupación: el 54,4% son hombres y el 45,6% son mujeres, con casi nueve puntos de diferencia. En la distribución por clase social (por situación ocupacional) en la clase alta (directores y gerentes) del total de hombres están el 5,9% y del total de mujeres el 3,1%; entre las clases medias (técnicos y profesionales) el porcentaje de hombres es menor (26,1%) que el de mujeres (29,6%); en la clase trabajadora cualificada es superior el porcentaje de hombres (28,9%) respecto del de mujeres (17,3%), y entre la clase trabajadora poco cualificada, el porcentaje de hombres (39,1%) es inferior al de mujeres (50,1%).

En definitiva, en ambos sexos existen fuertes desigualdades de clase; según la población activa, en la composición total de las clases trabajadoras (tres cuartas partes) y las clases medias y altas (una cuarta parte), es similar el porcentaje distributivo entre varones y entre mujeres. Esa cuarta parte de varones y de mujeres, con empleo de alta cualificación, tiene una situación superior respecto de las otras tres cuartas partes de ambos sexos; es decir, que también entre las mujeres hay una cuarta parte con un estatus socioeconómico y de empleo superior al del resto de las propias mujeres y también del de varones. No obstante, hay algunas diferencias significativas entre hombres y mujeres. En el bloque de clase alta y media, los varones tienen mayor porcentaje en la primera y menor en la segunda; igualmente, en las clases trabajadoras, las mujeres tienen mayor porcentaje en los segmentos poco cualificados y en desempleo y menor en el segmento cualificado. Por tanto, existe una discriminación de las mujeres en el mercado de trabajo y, al mismo tiempo, una fuerte segmentación interna en cada uno de los dos sexos. La división en clases sociales también existe para las mujeres y la mayoría, perteneciente a las clases trabajadoras, están subordinadas. La acción por la igualdad es clave para todas ellas.

Antonio Antón. Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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