diumenge, 13 d’octubre de 2013

El hambre, un drama sin resolver


El hambre, un drama sin resolver

Por Hilde Sánchez Morales | En los últimos meses nos hemos despertado con noticias del tenor “España, a la cabeza de la UE en licenciados en riesgo de pobreza”, “Somos más pobres”, “25 millones de europeos más ante el abismo de la pobreza”...
 | 10 Octubre 2013 - 19:05 h.
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Sistema Digital @FSistema | En los últimos meses nos hemos despertado con noticias del tenor “España, a la cabeza de la UE en licenciados en riesgo de pobreza”, “Somos más pobres”, “25 millones de europeos más ante el abismo de la pobreza”, “El 76% de los españoles cree que la austeridad aumentará la pobreza” y la más reciente, referida al contexto internacional, en la que se anunciaba que “Más de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo”.
Y, como si en otro planeta estuviéramos, sorprendentes avances científicos muestran cuán capacidad e inteligencia tiene la especie humana para solventar problemas médicos que, según pasa el tiempo, se tornan más resolubles y pudieran, si hubiera voluntad al respecto, mejorar sustancialmente la calidad de vida de toda la población mundial. Titulares de prensa del tipo “Cómo despertar ovarios “dormidos”, “La alimentación no cambia el ADN, pero sí sus reguladores”, “Las células madre se probarán para el párkinson en dos años”, “Una fuente inagotable de células madre para la medicina” o “Los marcadores genéticos dan pistas sobre las bases del alzhéimer” arrojan más que datos sobre dónde nos encontramos y nos dirigimos en esta materia.
Junto a lo anterior, en una aldea global en donde las imágenes adquieren un protagonismo de primer nivel en los medios de comunicación, en las redes sociales y en nuestro día a día (ya lo dice el conocido dicho popular “una imagen vale más que mil palabras”) algunas de las últimas semanas ilustran, por su dureza y dramatismo, la humanidad en la que vivimos. Recuerden el embate de cerca de 300 subsaharianos que durante más de dos horas trataron de atravesar, en una noche de cielo cerrado, la valla que limita Melilla con Marruecos. Una horda humana de jóvenes desesperados, que huyendo del hambre y de la miseria en sus países, dispuestos incluso a perder la vida, se embarcaron en un asalto, que, salvando las distancias, se antoja similar a lo que debieron ser los ataques de caballeros medievales a castillos y murallas. Y en los últimos días el descubrimiento de cientos de cadáveres de emigrantes, incluidos mujeres y niños, que trataban de arribar a la costa italiana, a la bella Lampedusa y encontraron la muerte en su camino. Una muerte que pudiera haberse evitado, pues según testimonios de algunos supervivientes, siendo como eran náufragos, no recibieron ayuda alguna, por mor de leyes inhumanas, de barcos y navegantes que pasaban junto a ellos, aun a sabiendas de su previsible fin.
Cómo conjugar el blanco y el negro, cómo hacer que la cara y la cruz converjan cuando millones de seres humanos pasan hambre y los privilegiados que viven en los países más desarrollados disfrutan de una medicina de lujo, por otro lado, cada vez más alejada del ciudadano de a pie. Sirva de ejemplo, que en España la congelación financiera en Sanidad y los recortes están poniendo en peligro, según las sociedades científicas y asociaciones de pacientes, el acceso a tratamientos caros, pero de gran eficacia terapéutica.
Sería prioritario dar fin al sufrimiento y carencias extremas de los 868 millones de seres humanos que pasan hambre (12% de la población mundial), en un Planeta lleno de oportunidades y posibilidades, de las que disfrutan, cada vez un menor número de individuos y familias que acaparan riqueza y bienes. El informe 'El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo de la FAO', presentado el pasado 1 de octubre, pone sobre la mesa que la mayoría de los que carecen de alimentos suficientes para llevar una alimentación activa y saludable viven en países en desarrollo, pero aproximadamente 15,7 millones lo hacen en los desarrollados.
En concreto, el mapa del hambre refleja que el África subsahariana ha mejorado sus circunstancias modestamente en los últimos años, si bien es “la región con mayor prevalencia de subalimentación”, también se observan ciertos avances en Asia occidental, mientras que el sur de Asia y el norte de África ha experimentado un lento progreso. Por su parte, en la mayor parte de los países de Asia Oriental, Sudeste asiático y América Latina se ha producido una disminución del número de hambrientos, si bien con una prevalencia notoria de la subalimentación.
Según el presidente de la FAO parece que hay indicios para el optimismo, porque en los países desarrollados para el periodo 2011-2013 se observa un repunte de la productividad agrícola, una mayor inversión pública, a la par que un interés de los inversores privados en la agricultura. Y llegamos al nudo gordiano del lazo oscuro de la naturaleza humana, de los porqués de las injusticias, tropelías y atropellos. Podemos ser tildados de ingenuos, pero el análisis es elemental y nos arroja al papel que juegan los INTERESES en las relaciones humanas/sociales, que, en este caso, escandalizan cuando los poderosos, desde sus jets privados, toman decisiones de vida o de muerte con la mayor frialdad y ligereza, aun a sabiendas de que de ello depende que millones de personas mueran de hambre.
José Graziano da Silva, director de la FAO, declaró en la presentación pública del precitado informe que: “En los países pobres, la reducción del hambre y de la pobreza solo se logrará con un crecimiento que no solo sea sostenido, sino que también sea ampliamente compartido”, a lo que habría que añadir, tal como recoge el texto escrito, que siempre y cuando las políticas se dirijan específicamente a los pobres, en particular a los que viven en las zonas rurales.
No parece, por tanto, que a dos años vista, vayan a poder cumplirse los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aunque hay ciertos síntomas para la esperanza. Veremos cómo se desarrolla la reunión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial que tendrá lugar en Roma del 7 al 11 de octubre y cómo se negocia la gestión internacional del binomio intereses versus derechos humanos.
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